En el diseño de una dirección más reducida cobra fuerza la idea de que González Pons se convertirá en la nueva cara del partido como portavoz y ariete contra el PSOE, función que ya está desempeñando de facto desde que tomó posesión como diputado en el Congreso. Si Rajoy no se atreve a nombrarlo número dos en la secretaría general, González Pons trabajaría mano a mano con un secretario general más volcado en tareas de organización interna, perfil que coincide con el del actual portavoz en el Senado, Pío García Escudero, al que une una antigua amistad con el parlamentario valenciano.
Más difícil encaje en el aparato organizativo tienen Juan Costa o Manuel Pizarro, que sólo pueden estar en el segundo nivel de autoridad del partido puesto que fueron apuestas personales que asumió el líder del PP en previsión de su éxito electoral.
El ex jefe de gabinete de José María Aznar y parlamentario por Madrid, Carlos Aragonés, es otro caso singular que se ha quedado sin nada habiendo sido mucho en el PP. Sin previo aviso, fue sustituido por Miguel Arias Cañete como presidente de la comisión para las relaciones con la UE pero, a cambio, tampoco se le ha ofrecido destino alguno.
En medios cercanos a la dirección popular aseguran que Carlos Aragonés ha pasado a ser diputado raso porque mantiene una manifiesta discrepancia con la forma en que Mariano Rajoy gobierna el partido.