Decíamos ayer que si Edurne Pasaban lograba pisar la cima del Dhaulagiri, como hizo, sería su décimo ochomil, con lo que ya le falta menos para conseguir completar esa preciada lista de catorce. Recordando el título de esa canción que se canta el último día de las entrañables fiestas de San Fermín, ya falta menos para que Edurne cumpla su sueño.
En las confidencias entre Edurne y yo, hacía ya años que le rondaba por la cabeza esa posibilidad de completar, como si de una quiniela de las de antes se tratara, los catorce ochomiles, las catorce cumbres más altas del planeta. Pero Edurne, consecuente con lo que se iba a traer entre manos si se ponía a ello, siempre ha estado, como siempre hemos dicho, con los pies en el suelo, no soñando cosas imposibles, y tratando de no obsesionarse con su propio objetivo.
Y así, poco a poco va lográndolo. Ayer engarzó otro eslabón más de la cadena de catorce, que cumplió con verdadero éxito. A la una de la tarde se plantaba con sus compañeros de Al filo de lo imposible en la cumbre del Dhaulagiri, su décimo ochomil. Ya le faltan menos: Manaslu, que tiene intención de intentarlo este próximo otoño; Annapurna y Shisha Pangma que, presumiblemente los intentará la próxima primavera y otoño de 2009, dejando para el final el Kangchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo. 2010 sería un año redondo para completar esa Gran Lista de los Catorce Ochomiles. Ya falta menos.