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Artesanía en estado puro

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Artesanía en estado puro
El puesto de gnomos atrajo la atención de pequeños y mayores, como Ana y Cecilia, a la derecha. [REPORTAJE FOTOGRÁFICO ÍÑIGO ARIZMENDI]
san sebastián. DV. Las 561 entradas vendidas en la primera mañana delataban el éxito de la trigésima edición de la feria de artesanía de Errenteria. Sería la mañana soleada o sería la calidad, contrastada, de los artesanos de esta feria anual, pero está claro que no fue casualidad. En total, 56 artesanos de una treintena de especialidades ofrecían a un numeroso e interesado público sus plasmaciones en madera, cuero, cobre, plata y oro, cerámica, cristal, barro... Mucho donde elegir y precios más que asequibles en un lucido y acogedor espacio, la sala cultural José Luis Caso, lo que hasta hace un par de años fue el mercado municipal. Justo enfrente de la estación del Topo, lo que facilita la visita a miles de guipuzcoanos.
A mediodía, el alcalde Juan Carlos Merino inauguró la feria, leyendo además un texto en euskera, acompañado por José Ramón Guridi, diputado de Innovación; el director de su departamento, Ángel Irastorza; el concejal de cultura José Luis Burgos; el alcalde de Lousada, ciudad portuguesa presente con cuatro artesanos y delegados de la francesa Tulle, ambas ciudades hermanadas con la villa errenteriarra. Coordinaba y supervisaba todo la joven gente de Signos Publicidad y Comunicación, con sede en el municipio.
En la entrada se encuentran los ocho invitados especiales de esta feria artesanal. A la derecha, los cuatro procedentes de Cáceres, con sus puestos. Manuel Torrejón, hábil trabajador de la calderería en cobre, pero también creador de cuadros, incluso por encargo, de vistas de ciudades, barrios o calles. A su lado, Julián Simón, con alfarería tradicional adornada; Eduardo Pablos trajinaba con mimbre haciendo un cesto espectacular ante la mirada absorta de varias personas y Pedro Garrido hablaba y tocaba sin parar sus flautas hechas de dura madera de olivo o de saúco, y tamboril de piel de cabra. Lo mismo interpretaba La jota cuadrada de La Vera que una versión alegre de cualquier composición clásica. Su esposa, Justa, a su lado, se reía y le dejaba.
Enfrente, los cuatro portugueses de la ciudad de losada. La bordadora Laura Mera, de manos y dedos hábiles y vista demasiado cansada de dar tantos puntazos al milímetro. Junto a ella, José Rui Guimaraes, un joven orfebre que ayudaba a entenderse en castellano a su compañera de puesto. Sonia Margarida aportaba joyería y complementos y José Fernando Barros mostraba trabajadas y atractivas tallas en madera.
Pequeños y mayores
Muchos de los visitantes eran familias que habían venido a ver este espectáculo bajo techo de artesanos trabajando en sus amplios y luminosos módulos. Los txikis les frenaban ante los puestos de juguetes o de los gnomos de goma. Por ejemplo, en el mostrador de gnomos de goma, donde se detuvo una familia y una pareja de mujeres, Ana y Cecilia. «Somos hermanas y ella ha venido de vacaciones desde Ibiza», explica Ana. «Nos está gustando todo lo que estamos viendo: bisutería, los esmaltes, el vidrio decorado...» Cecilia interviene: «Hasta estos gnomos son graciosos y muy bonitos para regalar. Para mí me gustan los esmaltes en cerámica, el vidrio pintado... No hemos venido con un presupuesto para gastos. Si vemos algo que nos gusta, lo compramos y ya está», recalca Cecilia.
Ellas preguntaban interesadas y se probaban en los de complementos, bisutería o artículos del hogar y ellos eran mayoría en las casetas donde fabricaban hierro con las llamas del horno chispeando por el aire, vidrio soplado acaparando visitantes, artículos en madera como katilus, ahuecados a base de una afilada cuchilla como una guadaña pequeña que se apoya en un palo y al hacer palanca pela la madera interior como una cáscara de naranja o, como esa hábil confeccionadora de chancletas y sandalias, «ahora son las que se venden para el verano», procedente de Iruña.
Es artesanía en estado puro en Errenteria. Hay para todos. Fuera, que no falte, la carpa de talos, golosinas y la taberna.
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