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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Fallece a los 61 años el académico y catedrático alavés Henrike Knörr

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Fallece a los 61 años el académico y catedrático alavés Henrike Knörr
Henrike Knorr, en una fotografía de octubre de 2007. [MIKEL FRAILE]
SAN SEBASTIÁN.DV. Henrike Knörr Borràs, académico de Euskaltzaindia, hombre dedicado a la defensa del patrimonio cultural vasco desde su juventud y colaborador de DV, falleció ayer a los 61 años en Vitoria, la ciudad en la que se formó, creó su familia y en la que era catedrático de euskera de la Universidad del País Vasco. Desde que el pasado año se le diagnosticó una enfermedad tumoral, Knörr había recuperado en parte su salud, participando en proyectos que tenía en marcha, como la dirección de los Cursos de Verano de Aramaioa. Precisamente, el pasado viernes, la Sociedad Landázuri de Vitoria-Gasteiz, de la que fue uno de sus fundadores en 1992, le nombró presidente de honor. Ingresado en el hospital, el académico no pudo acudir al acto, lo que tiñó de tristeza una jornada en homenaje a una persona que, como afirmó ayer Rafael F. de Carranza, presidente de la sociedad cultural, «ha sido todo para Landázuri».
El fallecimiento produjo consternación y pesar en el País Vasco, máxime cuando se albergaban esperanzas de una recuperación total de su salud. Su compañero de Academia, José Luis Lizundia, con quien ha trabajado en la última singladura de la institución, no podía expresar su sentimiento, completamente abatido por la triste noticia. Knörr ha sido, desde sus 29 años, académico de Euskaltzaindia, ocupando los cargos de tesorero, secretario y vicepresidente, siendo en la actualidad director de Investigación. Para Lizundia, Knörr era un hombre totalmente entregado, «cariñoso, liberal, leal a la Institución de la Academia y leal al País», afirmó en declaraciones a este periódico.
Hombre de una cultura amplia y bien fundada, conocía de asuntos de historia y lengua como pocas personas, además de conocer diversas lenguas, en las que hablaba, escribía y planteaba ideas y discursos. En la actualidad era asesor en los hallazgos del yacimiento Veleia, y colaboraba con muchas instituciones culturales, como Sancho el Sabio, Eusko Ikaskuntza o la RSBAP, de las que era miembro.
Aunque nacido en Tarragona (1947) -escribía habitualmente en catalán en los periódicos, orgulloso de su origen, como del alemán paterno-, desde los siete años su familia se instaló en Vitoria, cuya ciudad se convirtió para Knörr en el centro de operaciones de una amplia actividad, en los campos de la lingüística, la etnografía, el patrimonio.
Knörr fue el primer vicerrector del Campus de Álava. Pero también destacó como persona activa en la difusión de la misma cultura, pues ha sido uno de los articulistas más incisivos en el planteamiento de cuestiones de especial relevancia en el presente del País Vasco. En muchos casos, como cronista de guardia, ha estado atento a puntualizar excesos o despropósitos, pronunciados aquí y allá, y sobre los que nadie ponía autoridad. Knörr estudio Filosofía en la Universidad Complutense, y se doctoró en la Universidad del País Vasco, bajo la dirección de Koldo Mitxelena, quien tenía un gran aprecio por su trabajo intelectual, aunque el aprecio era mutuo.
Promotor cultural
Henrike Knörr tenía, como era habitual en él, muchos proyectos abiertos. Además del fundamental de recuperar su salud, tenía el propósito, entre otros proyectos, de escribir un trabajo sobre José Miguel de Azaola y el País Vasco, parar el libro conjunto que promueve la Academia Vasca de Derecho, presidida por el doctor Adrián Celaya, quien ayer expresó su dolor y su sentimiento por la pérdida de un amigo y un hombre dedicado enteramente a la cultura vasca.
Rafael Fernández de Carranza, presidente de la Sociedad Landázuri, quien se encontraba ayer fuera de Vitoria, expresó del mismo modo su máximo sentimiento, por la pérdida de quien ha sido, desde su fundación en 1992, uno de los principales actores de las actividades, publicaciones, y las más diversas tareas promovidas en Landázuri. Ni que decir tiene que muchas de ellas eran debidas a la idea, propósito y trabajo del propio Henrike Knörr. Entre otras, una de las tareas a las que ha dedicado mayor empeño Henrike Knörr es la dirección y edición de la revista Landázuri, desde su fundación en 1993, y de la que se han publicado 13 números. Al mismo tiempo, Knörr ha sido el escritor anónimo que surtía la página dedicada al Patrimonio, semana tras semana, en la edición de Álava de El Correo, reivindicando valores, edificios y gentes de la cultura que han tenido significación.
En el momento final, su esposa, Txari, tuvo la serenidad de llamar ayer a los amigos de su esposo, con quienes recordó cómo en las últimas fechas Henrike Knörr había expresado su deseo de recomponer su vida, dedicando algún tiempo a contar sus memorias, que eran más que unas memorias personales. Su propia hija le había insistido en poner al día su «disco duro». Knörr era persona muy ordenada, y desde muy joven había hecho cuadernos de viaje, apuntes, anotaciones, verdaderos cuadernos de campo, agendas culturales que quería haber estructurado, resumido, hecho, como solía decir, literatura. Y no sólo de materias, lugares o personajes del País Vasco, sino de las cuatro esquinas del mundo, lo que explica su interés universal por el conocimiento.
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