... y me diste de comer'.
Cuando marchó a vivir a San Sebastián, la villa que abandonaba en Irún quiso convertirla en residencia o apartamentos para mayores, haciendo una donación y con un compromiso municipal. No lo consiguió. Tuvo que vender la casa y el solar al Ayuntamiento.
Las carambolas de la vida han querido que en dicho solar, más el de la antigua escuela de Lekaenea, se estén construyendo actualmente cuarenta viviendas tuteladas para mayores. Me consta que visitó las obras. Pero esto ha sido al final de sus días.
Cuando Montañeros Iruneses publicaron un libro de memorias, por su cincuenta aniversario, al inicio del mismo leemos un acta de constitución de la entidad, firmada por el secretario, que era él, y además uno de los promotores.
Su dedicación consistió en satisfacer el hambre de conocimientos, libertades, participación y desarrollo de los trabajadores. Y no sólo de los de Irún. Montó también la editorial Ethos, sobre cuestiones sociales.
Su casa estuvo siempre abierta para quienes, angustiados por situaciones personales complicadas, acudían a él para ver claro en el difícil camino de la vida. Era capaz de analizar y diagnosticar con claridad soluciones necesarias para resolver problemas y conflictos.
Desde su casa impulsó fuertemente el movimiento guipuzcoano en favor de la elevación de pensiones mínimas (hasta alcanzar el salario mínimo) para viudas, pensionistas, etc., asunto que todavía está en manos de la Diputación y del Gobierno Vasco.
Apoyó al Foro Ciudadano Irunés, con ideas y medios. Y se implicó fuertemente en la consecución de una Residencia para Mayores, en Behobia, proyecto por ahora estancado pero latente. Todavía el 30 de octubre y con su enfermedad a cuestas visitaba al alcalde de Irún.
Y cuando el 17 de febrero comimos juntos, me anunció: 'Esto es una despedida'. Y falleció el 17 de marzo pasado.
Así era José Mari Alberdi.