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RSS | ed. impresa | Regístrate | 3 diciembre 2008

San Sebastián

LA CALLE DE LA MEMORIA
1968: Eguibar y Calvete prepararon el menú

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La empresa editora de Time y Life, después de editar dos tomos dedicados a la cocina francesa e italiana, estaba preparando su tercer volumen sobre gastronomía mundial que incluiría un capítulo con la cocina vasca. Se haría una tirada de 500.000 ejemplares y se distribuiría por el mundo entero.
Si la obra daba gran interés a las recetas de los distintos platos presentados, la fotografía era el principal elemento de atracción, motivo por el que fue enviado a San Sebastián el fotógrafo Dimitri Kessel, nacido en Ucrania y de nacionalidad norteamericana, con el fin de captar no solo imágenes de los platos más característicos de nuestra cocina sino también de nuestros paisajes, mercados, puertos de pesca...
En Ordizia, Keseel fotografió con su Leika el mercado y recorrió el Txindoki buscando originales perspectivas del valle, pero su objetivo final fue la Sociedad Gaztelupe donde le esperaban Tomás Eguibar y Gabriel Calvete. Ambos cocineros estuvieron desde media tarde preparando los ingredientes incluidos en los tres platos previstos: merluza en salsa verde, kokotxas con almejas y crabarroca a la americana.
Dimitri llegó a la Sociedad el 25 de abril de 1968 cuando apenas había anochecido, y mientras los cocineros errikoshemes operaban con los productos elegidos el fotógrafo disparó sin cesar sus cámaras impresionando, rollo tras rollo, cada uno de los movimientos realizados por Eguibar y Calvete.
Finalizada la obra culinaria, la Sociedad vistió de gala sus mesas centrales donde quedaron expuestos los platos ante la satisfecha mirada de sus preparadores y la no menos admiración del fotógrafo que tuvo material suficiente para conseguir resaltar la belleza estética de los manjares cocinados.
Al día siguiente de la visita contaba Joaquín Ormaechea en la sección Guipúzcoa, hombres y problemas de DV que acabada la parte profesional de la visita llegó la hora de abandonar la estética para pasar a la degustación, y tras despojarse de la engorrosa corbata y de la no menos molesta chaqueta todos se dispusieron a disfrutar de los sabrosos pescados.
Durante la sobremesa Dimitri Kessel, que contaba 66 años de edad, habló de la experiencia que le esperaba los próximos días al viajar a África para fotografiar algunos de sus pueblos en los que, sin duda, no tendría ocasión de enfrentarse a la difícil tarea que se le impuso en Gaztelupe: consumir la gran cantidad de comida que se acostumbraba a servir en cada menú.
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