Renault no iba de farol. Sus promesas de mejora antres del Gran Premio de España en el Cicuito de Cataluña no eran un cuento. En Montmeló, el equipo francés logró unos resultados mucho mejores que os esperados. Sin embargo, y antes de que explote el optimismo entre los aficionados, la gran mejoría de Renault, un hecho confirmado a la vista de las tiempos, debe ser matizada.
En primer lugar porque Fernando Alonso corrió en uno de los trazados que más le motiva de todo el Mundial. En segundo lugar, porque el piloto asturiano llevaba en la clasificación mucha menos gasolina que sus rivales en un circuito en el que llevar diez kilogramos menos de combustible supone cuatro décimas de mejora. A pesar de todo, la escudería Renault ya está entre el tercer y cuarto equipo del Mundial cuando, hace sólo una carrera, era el quinto o sexto.
Aunque a muchos aficionados le suene a cuento o a estrategia publicitaria, las evoluciones en la Fórmula 1 existen, el asunto es si son o no suficientes. Las de Renault parecen todavía insuficientes para estar entre los mejores equipos, pero, desde el domingo pasado Renault puede decir que ya sabe cuál es el camino que debe seguir para ir hacia adelante en la presente competición.
Más allá de la carrera de Fernando Alonso, observamos, una vez más, que Ferrari sigue intratable esta temporada -logró el primer y segundo puesto-.
Sus dos pilotos, Raikkonen y Massa, que cuentan con el mejor coche de la parrilla, se van creciendo a medida que transcurre el Mundial. Todo lo contrario que Lewis Hamilton. El inglés no le acaba de sacar el máximo rendimiento a su McLaren. Su compañero, Kovalainen, protagonizó la imagen de la carrera cuando sufrió un espectacular accidente que, según parece, se salda sin consecuencias.
El coche acabó destrozado; el finlandés, ileso. Se demostró así que los esfuerzos en seguridad de la FIA dan sus frutos. Y se confirmó que aunque la seguridad sea a veces un incordio para las escuderías, por el alto gasto que requiere, lograr que un piloto salga ileso tras un choque a más de doscientos kilómetros por hora no tiene precio.