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RSS | ed. impresa | Regístrate | 3 diciembre 2008

Cultura

ALBER VÁZQUEZ ESCRITOR
«Modero la realidad porque si la describo tal cual no resulta creíble»
29.04.08 -

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«Modero la realidad porque si la describo tal cual no resulta creíble»
El escritor Alber Vázquez, con un ejemplar de su libro Cósele el rabo al lagarto. [USOZ]
Después de cultivar durante años la novela, la poesía, la crítica literaria y diversos blogs, el escritor Alber Vázquez (Errenteria, 1969) publica en la editorial sevillana Hipálage Cósele el rabo al lagarto, su primer libro de cuentos. Protagonizados por el periodista gonzo Atila Longo, el volumen reúne cinco relatos en los que Vázquez echa mano de un humor demoledor para abordar cuestiones como las de las sectas disparatadas, las patrañas paranormales o las catársis colectivas que se desencadenan al socaire de las gestas futbolísticas.
-Hasta ahora había abordado todos los géneros literarios, salvo el relato. ¿Por qué esa demora?
- El relato es un género que suscita poco interés y que, por lo tanto, casi nadie te publica. Entre una cosa y la otra, yo siempre lo he ido dejando para más tarde. Además, tengo cierta tendencia a enrollarme que hace que me cueste mucho escribir relatos. Por ejemplo, mi novela Zoofrenia iba a ser un cuento cuando empecé a escribir, pero después se alargó hasta las 255 páginas que tiene la edición impresa.
-¿Le ha resultado muy diferente escribir estos relatos cortos respecto de las novelas?
- No, el procedimiento es idéntico. Yo me siento y escribo. Con el relato tardo menos, pero todo es más o menos igual. Escribir prosa es una cuestión, básicamente, de disciplina.
- Cósele el rabo al lagarto. ¿Qué significa?
Es una expresión que aparece en un relato de Manuel Rivas titulado La novia de Liberto. Significa algo así como «soluciónalo si puedes».
- Poco se dice en los relatos sobre la vida, origen o edad de su protagonista. ¿Quién es Atila Longo?
- Es un periodista de investigación que no duda en intervenir en la noticia de forma determinante. Trabaja para un medio impreso y practica un periodismo gonzo en el que el periodista es, también, partícipe de la noticia.
- El personaje le permite dar rienda suelta a una ironía... ¿Es el humor la mejor forma de acercarse a la realidad?
- Yo las he intentado casi todas y, la verdad, el humor es la más razonable que se me ocurre. Desde todos los puntos de vista puedes llegar a conclusiones más o menos parecidas, pero con el humor, al menos, te ríes. Muchos escritores, al escribir, nos contagiamos del ánimo que se imprime a un texto. Si el texto es triste, te deprimes; por el contrario, si el texto es divertido, acabas por verle cierta gracia a la vida.
- ¿Qué opina de ese periodismo gonzo que popularizó Hunter S. Thompson?
- Me interesa mucho, aunque muchos de los reportajes que escribió Thompson son mortalmente aburridos. Pero me encanta ese tipo de periodismo. Un periodismo en el que el periodista interviene en la acción, la construye, la desarrolla, se la inventa... Nada, por otro lado, que no veamos a diario en los medios de comunicación actuales. Hace unas semanas se ha sabido que un reportero de Lonely Planet se había inventado por completo la guía de viajes correspondiente a Colombia. La escribió sin moverse de San Francisco. Al menos, el periodista gonzo se toma la molestia de ir al lugar donde se halla la noticia.
- ¿Cree que esos redactores de aeropuerto que provocan a los famosos para grabar su reacción son la degradación del género?
- No, en absoluto. Ese tipo de periodismo es periodismo de ficción. Todas las partes implicadas, famosos incluidos, interpretan con mayor o menor soltura el papel que tienen asignado. Incluso el espectador sabe que debe mantener cierta distancia frente a este tipo de informaciones. Se narra una historia ficticia y el periodista es un personaje más en ella. De hecho, muchos famosos son solamente intérpretes de su propio papel de famoso, sin que se les conozca ningún mérito adicional. La auténtica degradación del género es el periodismo deportivo, donde la narración de un partido de fútbol deja muy atrás a, por ejemplo, la épica de la batalla de las Termópilas. Pero aquí, en el periodismo deportivo, y a diferencia del periodismo rosa, nadie interpreta un papel asumido y todos creen realmente que lo que están viviendo es real.
- El personaje se ve inmerso en cinco situaciones disparatadas, en el umbral de lo increíble. ¿Están basadas en hechos reales?
- Ligeramente sí. Pero yo suavizo la realidad porque si describes la realidad tal cual en un libro, el editor te devuelve el original con una nota que dice 'demasiado fantasioso'. A mí me ha pasado. Tengo decenas de noticias verídicas guardadas para trabajar a partir de ellas, a cada cual más alucinante. Por ejemplo, hace no mucho el líder de una secta ultracristiana intentó suicidarse golpeando su cabeza contra el tronco de un árbol al darse cuenta de que había calculado mal la llegada del fin del mundo y que sus acólitos habían aguardado en vano cinco meses ocultos en el interior de una cueva. Bien, esto lo cuentas tal cual en un relato y queda fantasioso, de manera que prefiero ficcionar la realidad para que parezca real. Suena un poco absurdo, pero es cierto. No exagero la realidad, sino que la modero.
- Las relatos encierran críticas más o menos explícitas al periodismo, al forofismo futbolístico, al mundo de las sectas, al del ocultismo y, sobre todo, a la credulidad de la gente.
- Es uno de mis temas de fondo. Hay una parte de nosotros dispuesta a creer en cualquier ridiculez que le planten delante. Nos falta espíritu crítico para enfrentarnos a una realidad en la que, cada día, alguien intenta metérnosla doblada. El otro día escuché por la radio a una señora que se ha puesto en pie de guerra contra las ondas de los wi-fi. Ya ni siquiera es cuestión de credulidad: es que nosotros mismos nos inventamos supersticiones absurdas sin pies ni cabeza. Este ser humano que en lugar de tratar de comprender el mundo, se lo inventa, me seduce muchísimo. Siento una mezcla de rechazo y ternura hacia él, no puedo evitarlo.
- El primero y el último no están situados en ningún lugar concreto, mientras que los otros tres transcurren en EE UU, Gibraltar y Moscú. ¿Por alguna razón especial?
- La verdad es que soy muy poco maniático para los detalles. Me importa la historia y lo demás me suele dar más o menos igual. El relato que transcurre en los EE UU sucede allí porque la Iglesia de la Eutanasia, protagonista de la historia, existe de verdad y está en ese país.
- ¿Quizás no imagina a la Real ganando algún Campeonato o es que no quería ofender?
- Si la Real gana algún campeonato, me exilio en Francia hasta que cesen las celebraciones. Ojalá nunca, como sucede en uno de los relatos, una horda desquiciada invada mi ciudad para celebrar un éxito deportivo. Es enervante, grotesco, contrario al más elemental sentido del ridículo.
- A diferencia de lo que sucedía en Icuza, aquí predominan los diálogos. ¿Se siente cómodo escribiéndolos?
- Sí, no tengo ningún problema. Me parece que éste es mi primer libro en el que aparecen diálogos directos. No sé, antes me parecía que un diálogo afeaba un buen texto. Luego decidí poner a hablar a los personajes y ya no callan. Hay gente que me dice que es difícil seguir tanto diálogo en estos relatos.
- ¿Tiene intención de continuar relatando las aventuras de Atila Longo?
- Sí, claro. Tengo un par de relatos más escritos y bastantes esbozos anotados. Y aunque el libro acaba de salir, la gente que se lo ha leído dice que Atila es un tipo que cae bien. No es precisamente el yerno perfecto, pero tiene algo con lo que la gente simpatiza.
- ¿Qué pregunta le haría Longo de las que se han quedado en el tintero? ¿Y qué le respondería?
- Longo nunca entrevistaría a un escritor. Somos lo más soso que te puedes echar a la cara.
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