OÑATI. DV. «Todo ha salido perfecto, buen tiempo, participación y un excelente ambiente festivo, estamos muy satisfechos», aseguraba el sábado Eneko Zumalde tras el acto más emotivo del Trikiti Eguna, el homenaje a Gregorio Kortabarria Sarramendi, Santi Guridi Beiti y Konrado Kernstock Aizkirri por impulsar y mantener viva la trikitixa en Oñati durante décadas.
Sus respectivo nietos fueron los encargados de imponerles las pañoletas de honor, tras una breve audición en su honor. Los homenajeados fueron parcos en palabras y decidieron mostrar su agradecimiento con su mejor arma: la trikixa y el pandero.
Éste fue sin duda uno de los puntos álgidos de la jornada matinal, pero el ambiente despertó pronto y tuvo como protagonistas a casi 400 chavales de las escuelas de música de la comarca y alrededores y al centenar de oñatiarras que han estado aprendiendo fandango y arin arin con Oñatz. El sol hizo sudar de lo lindo a unos y a otros, pero permitió que las calles se convirtieran en una animada romería.
No obstante, la cita más multitudinaria fue la comida popular preparada para medio millar de comensales en el polideportivo Zubikoa. Trikizio primero, e Imuntzo eta Beloki después, pusieron la guinda a una cita con mucho ambiente en la que el inconfundible sonido de la trikitixa se hizo omnipresente.
El año que viene la fiesta comarcal recalará en Antzuola que ya tiene el testigo.