La Policía austriaca localizó ayer la prisión subterránea en la que Josef Fritzl mantuvo encerrada a su hija y a sus hijos-nietos. «Hace pocos minutos el sospechoso rompió su silencio por primera vez y explicó a los oficiales que había una portezuela oculta en el taller que sólo se abriría con la activación de un mecanismo eléctrico del que sólo él conocía el código», explicó el responsable de la unidad de investigaciones criminales del estado de Baja Austria, Franz Polzer, en declaraciones a la emisora ORF. El hombre ha sido detenido bajo acusación de secuestro, maltrato y abuso sexual de su hija, así como de incesto. Los policías consiguieron entrar en la bodega después de que el sospechoso revelara el código. Tras recorrer un estrecho pasadizo de suelo irregular llegaron al lugar en el que estuvo retenida la mujer, explicó Polzer. «No hay sólo una, sino varias habitaciones: una para dormir, otra para cocinar y sanitarios. No se encontró ningún televisor», agregó. Franz Polzer explicó que el «calabozo» contenía varias habitaciones, si bien muy estrechas y bajas, de 1,7 metros de altas como máximo, equipadas para dormir, así como con instalaciones sanitarias y una pequeña esquina para cocinar. No se encontró ningún televisor. El suelo es irregular: «sube y baja», dijo Polzer. Añadió no saber aún si estas habitaciones eran parte del sótano inicial o fueron construidas después. Señaló también que el detenido, que en un principio se había negado a declarar, estaba rompiendo su silencio, «dando a conocer un detalle tras otro».
Este trágico caso ha recordado al de Natascha Kampusch, la joven austriaca que permaneció secuestrada ocho años en el sótano de una casa a las afueras de Viena, y que sigue estando, a su pesar, en el ojo del huracán mediático y político en Austria, tras publicar un diario sensacionalista extractos de informes policiales y forenses procedentes del sumario secreto del caso. La filtración de los documentos ha puesto en la picota a los grupos políticos en el Parlamento austríaco, que disponían de acceso a los expedientes clasificados desde que se creó una comisión para estudiar si hubo negligencia policial en la investigación del caso y si esos fallos fueron ocultados por el Gobierno. Kampusch, que tenía 10 años cuando fue secuestrada en 1998 por Wolfgang Priklopil, pasó gran parte de su cautiverio en un zulo bajo la casa de su captor, hasta que en agosto de 2006 logró escapar. La joven ha tratado de rehacer su vida con ayuda de psicólogos.