
Buen ambiente en San Marcos. /Arizmendi
Errenteria. dv. La jornada comenzaba temprano para los vecinos de Errenteria que, fieles a la tradición, no quisieron perderse la romería de San Marcos. Desde primeras horas de la mañana de ayer parejas y familias al completo, mascotas incluídas, iniciaban la ascensión al monte dispuestas a recibir en su cima a los participantes en la carrera popular organizada por el Club Atlético de Rentería (CAR).
Hacia las once menos diez, apenas veinte minutos después de que en la plaza de la villa se diera el pistoletazo de salida, cerca de una decena de atletas alcanzaba la meta situada en las proximidades del fuerte. Su llegada era celebrada entre vítores y aplausos por quienes buscaban en las campas un lugar privilegiado en el que seguir la misa oficiada por el párroco Don Benito Ijurra.
Sentado en uno de los bancos del merendero, convertido para la ocasión en improvisado altar, el sacerdote iniciaba la homilía presidida por un sencillo crucifijo de madera decorado con flores. Más de un centenar de personas escuchaba antentamente su reflexión entorno a los avances del ser humano, «capaz de llegar a la luna», aunque no siempre sea consciente de que la «alegría» la ha de encontrar en su interior. Paradojas de la vida...
A pocos metros, los trikitilaris Asier y Ane ponían banda sonora a los saludos de amigos y conocidos que se encontraban a las puertas de la antigua fortaleza militar. Desde lo alto de la construcción erigida a principios del siglo XIX, eran muchos los que trataban de disfrutar de la vista pese a que la niebla, caprichosa, se empeñaba en ocultar el paisaje.
«Es una pena que no haya salido un día despejado como el del año pasado para poder ver toda la costa», se lamentaba una joven, mientras su acompañante trataba de captar con su cámara de fotos buena parte de la comarca de Oarsoaldea. «Se ve hasta San Sebastián», decía.
A los pies del fuerte, los visitantes disfrutaban de otros de los tractivos de la romería. Especial interés despertaba la exhibición de deportes rurales protagonizada por la harrijasotzaile Miren Urkiola y un grupo de aizkolaris que encabezaba Fausto Mugerza. Sus hazañas eran seguidas con un vaso de sidra en la mano, mientras otros de los presentes degustaban los diferentes productos gastronómicos puestos a la venta tanto por el Centro extremeño Monfragüe como por la Concha Rociera. Tampoco faltaba una selección de dulces de los que daban buena cuenta los más pequeños de la casa. «Hemos comprado un pastel vasco», comentaba Nekane, una niña de poco más de 6 años de edad que compartía el postre con su hermano menor. Ambos habían subido con su madre y su tía a San Marcos, donde también habían tenido la oportunidad de disfrutar del taller de chapas organizado por el ayuntamiento.
Con la vista fija en el cielo, por si las precipitaciones anunciadas el día antes hacían acto de persencia, los romeros iniciaban su comida antes de regresar a casa. n