ZUMAIA. DV. La imagen era francamente inusual: un grupo de monjes tibetanos esperando pacientemente sentado en el banco de la Sociedad Pulpo la llegada del responsable de su arribada a Zumaia. Sus coloridas túnicas atraían la mirada de propios y extraños y el de más de un objetivo fotográfico. Bastaba con pedirles educadamente el permiso para que se prestasen a aparecer en las fotografías.
Se trataba del grupo de monjes del monasterio de Sermey Tsangpa Khangsten, situado en la localidad india de Bylakuppe, que aprovechando el viaje que están llevando a cabo a Euskadi, acudió a Zumaia para inaugurar el monumento de recuerdo al pueblo tibetano erigido en el barrio de Larretxo y a ofrecer un concierto en la capilla del convento de San José.
El monumento consta de dos postes desde donde se descuelgan banderas de oración. Los monjes acudieron al acto con el propósito de ofrecer una puja, una bendición. Según Juan Ramón Llavori, impulsor de esta iniciativa, una vez concluido el acto, mediante sus oraciones, los monjes purificaron el terreno y a todos los asistentes. Sorprendió el número de personas que acudió al acto de inauguración; los zumaiarras y visitantes presentes en Larretxo superaron con facilidad el medio centenar.
Pero fue mayorla asitencia al concierto que ofrecieron los monjes en la capilla del convento. Las bancadas del oratorio se vieron abarrotadas ante este inusual recital de música tibetana y cantos budistas. Los religiosos contaron con el acompañamiento en algunos momentos de instrumentos de viento y de percusión, como campanas. Pero fueron las voces de los propios monjes las grandes protagonistas. Las reacciones tras el concierto fueron encontradas; para algunos fue un momento muy especial; para otros el recital fue demasiado monótono.