El guitarrista Carles Pons i Altés nació en Lleida, pero tiene una estrecha relación con nuestra comarca. Fue profesor de guitarra en el Conservatorio Municipal de Irun y ha vivido siete años en el Bidasoa. Se le ilumina la cara al decir, que cada vez que vuelve a estas tierras se le dispara la adrenalina. De hecho celebró su boda en el restaurante Ramón Roteta, de donde surgió una estrecha relación con este cocinero. Y de la amistad entre restaurador y músico, nació la idea de fusionar estos dos mundos mediante el Festival Internacional de Guitarra de Irun en sus dos primeras ediciones y ya desde 2003 en Hondarribia. Hoy inicia su andadura, en el castillo de Abbadie de Hendaia, la sexta edición de este evento, y hemos tenido el placer de hablar con su director artístico, el propio Carles Pons.
- Usted, además de guitarrista de cámara y solista, es director artístico de varios festivales, como el de Palencia. ¿Qué le supone éste que organiza junto a Ramón Roteta en Hondarribia?
- Es algo muy especial para mí. Fue el primero y esto hace que le tengas un cariño muy especial. No se puede olvidar que viví muchos años aquí, y se establece una bonita relación que perdura. Poder tener la suerte de organizar conciertos, y de esta forma, poder ofrecer lo que te gusta a los habitantes del Bidasoa es un privilegio. Y, sobretodo, ver que año tras año, hay una devolución de este esfuerzo puesto que se aprecian los conciertos del Festival, y ese cariño es muy bonito.
- ¿Por qué plantean los conciertos en varias localidades?
- Aunque el Festival es y se celebra en Hondarribia, su sede y centro de actuación, busqué que hubiera 'extensiones' del certamen, para así poder realizar algo así como presentaciones en las ciudades del Txingudi y en Donostia. Lógicamente, esto no sería posible sin el apoyo de los consistorio de Irun y Hendaya y la Diputación de Gipuzkoa.
- En cada edición hemos visto interpretar a algunos de los mejores músicos del mundo. Sin embargo, siempre buscan la novedad. No será fácil.
- No es fácil, no. Pero hay que centrifugar la neurona y buscar nuevos alicientes. Según mi punto de vista un Festival es algo vivo, que debe amoldarse y crecer año a año. Porque todo lo que se estanca o permanece quieto acaba momificándose.
- En concreto, esta edición va ser la primera en la que usted participa en un concierto.
- Sí. Me hacía mucha ilusión tocar en el Festival, aunque siempre he pensado que no debía mezclar mi faceta como concertista con la de organizador. Pero las ganas de tocar delante de 'mi gente' han podido más.
- Y usted, que ha realizado conciertos por medio mundo, desde Bahrain pasando por Brasil y terminando en Hungría o Japón, entre otros lugares... ¿Cómo es que hasta ahora no había tocado en su propio festival?
- La faceta de organizador es muy diferente a la de concertista y siempre me ha gustado dividirlo. Además, durante el festival hay mucho trabajo organizativo y muy poco tiempo para otras cosas. Hay que estar pendiente de los invitados, del público, de la prensa para que todo funcione como un reloj. Pero, como he dicho antes, esta vez me ha ganado la partida el corazón.
- El festival intenta, y lo consigue, fusionar gastronomía y música. Dos artes bien distintas. ¿Si tuviera que elegir, con cuál se quedaría?
- Je, je.... Buena pregunta. ¡¡Sin la presencia de mi abogado no responderé!! A decir verdad, las dos, pero cada una se ha de disfrutar a su debido momento.
- Hasta el 4 de mayo habrá para todos los gustos. ¿Qué nos recomienda para disfrutar del Festival al máximo?
- Todo. Ver la programación, ver la agenda personal, llamar a los amigos y familia e invitarles. Y después, acercarse a la sala del concierto, cerrar los ojos y dejarse llevar por los sonidos y la fantasía en un viaje mágico al mundo de la música.