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AL DÍA
«Tenemos ganas de abrazarles»
27.04.08 -

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san sebastián. DV. «Teníamos la seguridad de que las cosas iban a ir bien y así ha sido». En casa del arrasatearra Mikel Arana y del pasaitarra Jaime Francisco Candamil se acabaron ya las «largas» horas de espera, «susto e incertidumbre» ante el secuestro de sus seres queridos en aguas del Índico. La noticia de la liberación de los 26 tripulantes del Playa de Bakio irrumpió a media tarde de ayer como agua de mayo y desató la alegría de quienes más la esperaban. «Estamos exultantes. Ahora sólo queremos verles y darles un abrazo», aseguraron los familiares. Mikel y Jaime viajan de regreso a casa.
A Joxe María Arana y Miren Iñarra, los padres de Mikel, la noticia les sorprendió en Ajo, localidad cántabra en la que la familia arrasatearra posee una vivienda. «¡Es cierto que los han liberado!», repetía al otro lado del teléfono un padre rebosante de felicidad.
Los Arana, que tienen a sus dos hijos gemelos, Mikel y Josu, de 22 años, enrolados en atuneros que faenan por el Índico, han vivido estos últimos días colgados del teléfono a la espera de noticias. Por fin, ayer por la tarde sonó el teléfono con la llamada más esperada. «Nos enteramos hacia las cinco y media de la tarde. Nos llamaron del Gobierno Vasco, del Ministerio de Exteriores y del armador. Estamos exultantes», aseguraba.
Según les contaron, «el barco navegaba ya junto a la fragata española que estaba en las proximidades. De alguna manera les está escoltando aunque no sabemos a qué puerto van. En un principio podrían ir a las islas Seychelles. Lo que sí van es a un lugar seguro, y de allí les repatriarán, pero no nos han dicho cómo ni de qué manera», añadió. «Tenemos muchas ganas de abrazar a nuestro hijo».
Los padres de Mikel han llevado con entereza desde la distancia el secuestro de su hijo. En esta empresa les ha ayudado mucho el contacto con Josu, el gemelo, a bordo del pesquero Elay Alai, que les ha informado y tranquilizado ante el bombardeo de noticias contradictorias que les iban llegando. Tras conocer el desenlace del secuestro, el padre mantuvo la confianza mostrada días atrás. «Teníamos la seguridad de que las cosas iban bien y de que iba a haber un desenlace bueno en un plazo relativamente corto».
«Agradecidos»
Los Arana han estado «informados perfectamente» cada día. «Nos han querido mucho y nos han tratado muy bien. Tanto el armador, al que le tenemos que agradecer mucho, como el Gobierno Vasco como el Ministerio de Asuntos Exteriores. El trato ha sido magnífico. No tenemos ninguna queja».
A pesar de todo, estos siete días, se han hecho largos para la familia arrasatearra. «Ha habido momentos buenos y momentos malos. Al principio, simplemente susto porque es una cosa que no te esperas de ninguna manera. Luego las siguientes horas son de incertidumbre». En un primer momento no sabían ni si su hijo seguía en el Playa de Bakio. De hecho, le esperaban el pasado martes en casa porque terminaba justo el lunes su turno de prácticas de cuatro meses a bordo del atunero. Los días fueron pasando. «Fuimos cogiendo esperanzas porque nos fueron diciendo que las cosas iban bien». Al final, llegó la feliz noticia. «Nos han dicho que están todos bien. Aparte de que les han tratado con mano militar, que a cada hora les hacían recuento, les han tratado bien, dentro de lo que cabe».
«Llorar de alegría»
La alegría que se vivía en la casa de la familia de Arrasate se repitió momentos después en Pasaia, en el domicilio de los padres de Jaime Francisco Candamil, de 53 años, caldereta del Playa de Bakio. Gloria Casanova, su madre, se enteró de la noticia por la televisión. «Estaba en la cocina, leyendo el periódico con la tele de fondo, porque en casa la tenemos siempre puesta, cuando dijeron que les habían liberado». Eran las seis de la tarde. «Nos dio un vuelco el corazón», aseguraron. Enseguida, la madre de Jaime intentó llamar a Fátima, la novia de su hijo -está separado y tiene dos hijos, Lander y Jon, de 11 y 15 años- pero «no estaba en casa».
Una sorpresa más grande le esperaba. Volvió a sonar el teléfono y esta vez no era un periodista ni nadie del Ministerio. «Me llamó mi hijo», contaba Gloria emocionada. «Me dijo que estaban bien, que iban de camino a puerto pero que no podía hablar más porque había cola de toda la tripulación para coger el teléfono».
Con la tranquilidad recobrada en una casa llena de recuerdos de viajes de más de quince años de trayectoria en el mar de su hijo, Gloria reconocía que habían pasado siete días muy duros. «Por la mañana todavía creíamos que estaba todo muy oscuro todavía, que iban a pasar más días secuestrados. Al final, se ha arreglado la cosa. Mi marido -de 83 años y pescador jubilado- no hace más que llorar de alegría», añade la madre del caldereta del barco. «Espero que mi hijo venga cuanto antes a casa para darle un abrazo».
En opinión de Gloria, al liberarlos «se habrá pagado el rescate porque de otra forma ahí no había nada que hacer. Los piratas lo han hecho por la pasta», sentenció.
Mikel y Jaime pronto estarán en casa y, junto a sus 24 compañeros de tripulación, tendrán la suerte de poder contar que se libraron de los piratas.
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