En realidad, malos lo que se dicen malos, no es que fueran. Pero al menos, Pascal Vincent, director, y Nicolas Brevière, productor, tenían el puntito justo de gamberros concienciados/concienzudos, freakies capaces de cualquier cosa (inteligente) y criaturas de celuloide perdidas entre los terciopelos del Victoria Eugenia.
Pascal y Nicolas presentaron su corto Candy Boy en la noche final del festival. En realidad, el planeta en el que habitan Vincent (autor del muy interesante Bébé Requin) y Brevière (productor de Regarde la mer de Ozon) es el del teatro Principal, su cubículo durante las largas noches de la Semana de Cine Fantástico y de Terror, de la que son cómplices absolutos, jueces y víctimas más de una vez. Los dos comparten con el comité de selección tanto de la Horrorosa como del Festival de Cine y Derechos Humanos, largas conversaciones y sobremesas en Clermont Ferrand, astro rey del cortometraje mundial.
Pascal y Nicolas defendieron su corto Candy Boy cumplida ya casi la medianoche del último día del festi. Habían llegado de París en un TGV que más debió parecer el tren de la bruja: hubo un incendio en la vía y un viajero decidió acabar con su vida durante el trayecto.... Tres horas de retraso para poder decir ante un público entregado que Candy Boy era un homenaje a aquella serie de anime japonés llamada Candy Candy que arrasó en la tele de los años 80. Tanto le llegó al corazón que para hacer su Candy Boy Pascal decidió aprender (más o menos) a dibujar. Dos años tardó en dominar los trazos de su corto de 15 minutos al cual añadió sutiles toques de protesta ecológica, ataque frontal al racismo y defensa de cualquier opción sexual y sentimental.
Tras la presentación, Pascal y Nicolas se fueron a cenar a La Fábrica en compañía de gente realmente interesante: el director austriaco de Wasser, Menschen und gelbe Kanister, Udo Maurer; el científico Carlos Abanades, autor del informe sobre Cambio Climático usado por el Gobierno en sus reuniones autonómicas e internacionales, la israelí valiente que cruzó al otro lado de Cisjordania, Hilla Medalia, y la dama cuyo Paisito clausuraría el festival, Ana Díez. Todos se mostraron sobradamente felices porque el jurado joven diera su gran premio a un cortometraje feroz, africano y reivindicador del derecho de toda mujer a no ser mutilada sexualmente. Nos referimos, claro, a F(emale) G(enital) M(utilation), de uno de los nuestros, Jon Garaño. Salud, compañeros, hasta el festival VII.