san sebastián. DV. «Me parece fantástico y realmente notable que exista en cualquier lugar pero especialmente en San Sebastián un festival de cine y derechos humanos. Me parece magnífico y está en la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos. El próximo 10 de diciembre se celebrarán sesenta años desde su promulgación... y ya estoy pensando qué película sobre derechos humanos podría hacer para estrenar ese día, en San Sebastián. Y, si no puede ser en San Sebastián, en Hernani».
El hernaniarra Elías Querejeta recibió ayer emocionado el Premio del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián, de manos de la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín, y el alcalde donostiarra, Odón Elorza. Un teatro Victoria Eugenia en el que hubo que colgar el cartel de «no hay billetes» aplaudió al veterano cineasta.
Antes, por la mañana, Querejeta reconoció ante los medios informativos que el premio «me sabe muy bien». Mencionó que este galardón se suma a otros dos que le han producido «una emoción particular. Uno es la Txalaparta de Bronce de Hernani, porque en Hernani ya se sabe que no hay ni oro ni plata, sino directamente el bronce». El otro sería el Tambor de Oro que recibió hace diez años.
El cineasta consideró «excesivo decir que soy representante de un cine social, pero preocupado por asuntos sociales, desde luego, sí. Siempre he estado preocupado por la realidad y por lo que entraña de problemática social, sin duda».
Se refirió el productor de Cría cuervos, El espíritu de la colmena, Tasio o Los lunes al sol al peligro de acostumbrarnos a las vulneraciones de los derechos humanos. «Es espeluznante pensar en la cantidad de muertos que se producen en Irak todos los días. Parece que ante esa acumulación de datos se pierde el sentido y el contenido». Querejeta anima al espectador a acudir al cine para analizar una realidad «que recibe continuamente en forma de noticias», y ante la cual el cine aportaría «otro modo de acercarse a la realidad».
«Hay un aumento de películas documentales y un acercamiento más profundo a esa realidad. El cine nació a través del acercamiento a cuestiones sociales. Luego, durante mucho tiempo el cine documental ha estado apartado de las pantallas. Sin embargo, ahora hay un crecimiento muy notable del llamado cine documental».
Elías Querejeta no quiso ser muy explícito sobre los trabajos que está abordando ahora, porque «cuando se habla de un proyecto casi nunca se hace». Sin embargo, sí apuntó, además de ese posible trabajo en torno a los derechos humanos, que le «sigue preocupando» la situación en el País Vasco, «este país al que pertenezco. Sí quiero acercarme a la situación actual. Trataré de hacerlo». También mencionó estar trabajando «en proyectos que tienen que ver con el agua, con determinadas materias, con situaciones de conflicto».
Afirmó que son «absolutamente incomparables» los condicionantes de tipo económico de ahora con la censura existente durante el Franquismo. Y recordó su trabajo durante la dictadura como un «intento de ver cómo engañar a aquella cuadrilla de salvajes. No era fácil».
Un mundo más justo
Entregó el premio la donostiarra Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, departamento que patrocina el festival. Pajín reafirmó el compromiso de patrocinio y aseguró que «apoyar el festival de Cine y Derechos Humanos es apoyar una mirada hacia un mundo más justo, apoyar esa voz que se alza para denunciar injusticias».
Se mostró convencida de que «la cultura genera desarrollo» y es una herramienta para defender los derechos humanos, puesto que «fomenta el respeto a las identidades ajenas».
Odón Elorza intervino para destacar la «mirada humana» de Elías Querejeta, «un hombre con valores, con criterio, con compromiso social». El alcalde donostiarra comentó que el Festival de Cine y Derechos Humanos va a ser uno de los ejes de la candidatura de San Sebastián como capital europea de la cultura.
«Espacio de libertad»
Arritxu Marañón, concejal de Juventud y Derechos Humanos, se mostró satisfecha por el desarrollo del festival que concluyó ayer con la entrega del premio a Querejeta y la proyección de Paisito, de Ana Díez. La sexta edición de la muestra ha venido marcada por la decisión de trasladarla del teatro Principal al más amplio Victoria Eugenia. «Era un riesgo» que, según Marañón, se ha superado.
«El Victoria Eugenia se ha llenado desde las cinco de la tarde hasta la una de la madrugada con las proyecciones y coloquios. Nos hemos encontrado en un pequeño espacio de libertad, en el que todo aquel que ha querido ha podido decir lo que siente y quiere».
A falta aún de datos oficiales, desde la organización indicaban que los 150 abonos puestos a la venta se agotaron y que se han registrado buenas entradas en todas las sesiones de las 19.30, así como en la nocturna de A Jihad for Love. Los animados coloquios han sido el termómetro de una cita que ha dado un nuevo paso.