La opilla pidió monte
Con motivo de la festividad de San Marcos, familiares y amigos se reunieron en San Marcial para comer su bizcocho, bendecido o no
26.04.08 -

Isabel, Ángel, Izaskun y Jone subieron con Naiara, Aroa y Asier. Una niña bendice su opilla sobre los hombros de su aitona. Aura y sus amigos disfrutaron del día de San Marcos jugando en las campas de San Marcial. La festividad de San Marcos reunió a este grupo de primos, acompañados por su abuela.
IRUN. DV. El monte San Marcial recibió ayer a decenas de irundarras. Algunos acudieron por la mañana, para poder bendecir sus opillas en la ermita a las doce del mediodía. Otros, en cambio, optaron por hacerlo en la parroquia de su barrio y subir más tarde. Al final, para la hora de comer, todas las mesas estaban ya ocupadas por las familias, mientras que los más jóvenes, en cuadrilla, se habían acomodado sentados sobre la hierba.
Para muchos, la festividad de San Marcos es sinónimo de opilla, por supuesto, y monte. Lo de bendecir ya no es tan necesario. Por lo menos para los que ya han alcanzado la adolescencia. «Antes mi madre siempre me obligaba a bendecir la opilla. Si no lo hacía, no me dejaba salir con los amigos y para asegurarse de que lo hacía, me acompañaba ella misma a la iglesia», cuenta Ane, de dieciséis años. «Ahora ya se ha dado cuenta de que si no quiero, no me puede obligar. La verdad, a mí me sabe igual de buena», ríe.
Alicia, Leire y Cristina, de entre trece y quince años, también «pasan» de la ceremonia de bendición. Prefirieron no perder el tiempo, echarse las mochilas a la espalda y alcanzar, lo antes posible, las campas de San Marcial a pie. «No sabíamos que habían puesto autobuses gratuitos, si no, para rato nos pegábamos esta paliza», cuentan. Afortunadamente, el autobús de la una del mediodía les rescató a medio camino. «La idea de poner transporte está muy bien, yo creo que eso animará a mucha gente a subir», opinaban las tres amigas. Y, «por si cuela», proponían al Ayuntamiento que «para el año que viene organice una diskofesta. Estaría bien para terminar el día», señalaban.
Desperdigados por la campa sanmarcialera jugaban Aura y sus amigos, que habían acudido con sus amas. «Nos solemos juntar varias amigas con nuestros hijos todos los años», explicaba Belén, madre de dos de las niñas que formaban la tropa. «Desde que tengo uso de razón, he celebrado aquí el día de San Marcos. De niña solía venir a comer la opilla y ahora que tengo hijos lo sigo haciendo», comentaba. Los niños estaban encantados. «Pasamos el día jugando con los amigos», decía Aura, de 9 años.
El mismo plan siguió María Luisa, que acudió a San Marcial con sus cinco nietos, de entre 7 y 12 años, aunque ella sólo es madrina del mayor de todos, Oskitz. «Como sus madres trabajan, pues los niños suben todos conmigo y con una de mis hijas. Y ellos contentos, porque así tiene oportunidad de juntarse con los primos a comer la opilla», regalada por la tía, la abuela, una amiga de los aitas, una prima o la propia ama, como en el caso de Julen. «Mi madrina vive en Barcelona y no me la puede regalar», aclaraba el niño.
Juegos en Meaka
Cerca de esta familia, disfrutaban también del caluroso día Isabel, Ángel, Izaskun y Jone, con los pequeños Naiara, Aroa y Asier, de 3, 4 y 9 años respectivamente. «Hemos bendecido aquí mismo las opillas y nos quedaremos hasta las seis de la tarde, más o menos. Después bajaremos a Ibarla», explicaban. La A VV de Meaka organizó varias actividades dirigidas a los niños para celebrar San Marcos. En el aparcamiento adyacente al circuito de educación vial se instalaron tres castillos hinchables. Además, los mayores de 8 años tuvieron la oportunidad de dar una vuelta en quad.
El Tren Verde trasladó desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la noche, gratuitamente, a todos los que se interesaron por participar en las actividades, así como a los que decidieron pasar la tarde en las campas de Ibarla.




