Periodista y madre adoptiva, Beatriz San Román escribió el libro 'online' La aventura de convertirse en familia. «Quería comprender reacciones de nuestros hijos que nos desconciertan porque no ocurren en otros hogares», dice. La edición en papel se agotó en 10 meses. Ahora acaba de publicar Adopción y escuela. Guía para educadores y familias. Ayer relató su experiencia en Donostia, en una jornada organizada por la Asociación de Adopción en China Anichi.
- Un niño adoptado no sólo necesita unos padres que le quieran, dice. ¿Qué más requiere?
- Como todos los niños, los adoptados necesitan el amor incondicional de sus padres. Pero además, que entendamos cómo viven ellos la adopción.
- ¿Cómo vive el niño la adopción?
- De forma completamente distinta a como la vemos los adultos. Para nosotros es un largo camino de burocracia y obstáculos que culmina en el momento feliz de la llegada del niño a casa.
- Y para el niño éste tal vez no sea un momento feliz...
- Desde el punto de vista del niño, ese momento es muy desconcertante porque de un día para otro desaparecen los lugares que conocía, las caras que le eran familiares, sus rutinas, las personas que eran importantes en su vida. Y de la noche a la mañana pasa a un ambiente completamente diferente.
- Puede haber un choque...
- Hay que pensar en un niño que ha estado en un orfanato o en una casa de acogida, donde su vida transcurría entre cuatro paredes. Y nosotros, que para ellos somos unos extraños, les sacamos de allí y les empezamos a llevar a mil y un sitios, donde todo se mueve mucho y hay muchas novedades. Es una avalancha de estímulos para la que no están preparados. Debe resultar bastante estresante y desconcertante.
- Y a todo niño le afecta el cambio de rutina.
- Cuando llegan aquí es como si vivieran permanentemente en Portaventura. Todo es nuevo y distinto. El niño va a necesitar tiempo. Aunque la adaptación sea muy satisfactoria, es normal que tenga momentos en que manifieste su malestar y su desconcierto.
- El niño pierde cosas con la adopción.
- Es verdad que con la adopción la vida de estos niños da un giro positivo. Pero también es verdad que supone para el niño perder todo lo que tenía hasta ese momento.
- Hay que hacer un esfuerzo de entendimiento.
- Desde el punto de vista del niño, la adopción acarrea un montón de pérdidas. Y las pérdidas duelen.
- Son pérdidas que se suman a otras.
- A medida que los niños crecen van a tener que entender y asimilar una parte de su historia. La adopción no supone un borrón y cuenta nueva. Nosotros continuamos una historia que ya estaba empezada y no de la mejor manera.
- Y eso no se puede cambiar.
- Si uno pudiera elegir su biografía, no la empezaría como alguno de nuestros hijos. Con una familia que no se puede hacer cargo de tí. Con rupturas y separaciones cuando todavía eres muy pequeño y no lo entiendes. A veces pasan periodos largos en los que les falta cariño y la estimulación adecuada. Entender todo eso e incorporarlo a su historia es complejo.
- ¿Qué necesitan estos niños para vivir tranquilos y felices?
- Es normal que a nuestros niños les cueste confiar más que a los demás. La vida les ha enseñado que quien hoy te cuida, mañana puede desaparecer. Es normal que se encuentren con sentimientos confusos y contradictorios.
- Hay que preparse para ello.
- Nuestros hijos necesitan que nos informemos para dar una respuesta adecuada a sus necesidades. Y también que no tengamos miedo a sus sentimientos. Hay que entender que la curiosidad natural por sus progenitores y su familia biológica no es una amenaza para nuestra relación.
- ¿Cómo hablar con ellos sobre sus orígenes?
- Ellos tienen derecho a conocer su historia. Y las mejores personas para comunicársela somos los padres. Sin mentirles nunca, pero adecuando los mensajes a su edad.
- Algo que llevará tiempo...
- Contar a nuestros hijos sus orígenes no puede ser cosa de una tarde. Es algo que surge en el día a día. Empezamos con un esquema muy simple, al que vamos añadiendo detalles en la medida en que están preparados para entenderlos.
- Al principio, ¿es más fácil?
- En la etapa de preescolar, lo normal es que repitan encantados la historia de que fuimos a buscarles en avión, lo que les hace sentirse muy especiales. Pero a medida que van creciendo van profundizando en el tema. Y entienden las implicaciones que ello comporta.
- Se abre así otra etapa.
- Hacia los 5, 6 ó 7 años comprenden que tuvo que haber antes otros padres. Y entender por qué esos otros padres no se hicieron cargo de él es muy importante para el niño. Cuando no hay respuesta o no se habla llegan a conclusiones como 'yo debía ser muy malo para que no me quisieran'.
- No basta con elegir las palabras adecuadas, dice usted.
- Eso es lo que muchos padres adoptivos quisimos creer. Pensamos que explicando bien la cuestión a nuestros hijos, lo encajarían sin mayores problemas. Y no es verdad. Entender que la vida te jugó una mala pasada no es un proceso fácil. Es muy normal que les cause dolor. Y nosotros deberíamos estar abiertos a ese dolor. Para sacarlo, compartirlo, elaborarlo, colocarlo y poder seguir adelante.
- Cuanta mayor información tengan los padres sobre el origen de su hijo, ¿mejor?
- Desde luego. Los padres deben intentar averiguar todo lo que puedan. Cada brizna de información es luego un tesoro. Es más fácil colocar la verdad que construir sobre un vacío de interrogantes. Aunque a veces no hay más remedio. La información les va a ayudar a recomponer su historia.
- ¿Qué es lo más importante que debe aprender la escuela respecto a un niño adoptado?
- Hemos pasado de ser una sociedad muy homogénea a ser una sociedad diversa. En las aulas conviven niños de distintos modelos familiares, que provienen de diferentes lugares del mundo. La escuela debe replantearse ciertas cosas para conseguir que todos los niños se sientan incluidos y seguros en la escuela.
- Ponga sus deberes al colegio...
- Hay tareas escolares clásicas como el árbol genealógico o el llevar una foto de cuando eran bebés que deberían replantearse.
- Cita el concepto de resiliencia: Un pasado difícil puede superarse.
- La adopción le devuelve al niño algo que nunca debió perder. Sean cuales sean sus experiencias negativas, la familia le proporciona el entorno óptimo para paliar y reparar las secuelas del pasado.