Era la pregunta que se formulaba desde las páginas de EL DIARIO VASCO el 4 de mayo de 1968 cuando el tema de la actualidad, por lo que afectaba a los problemas de la mujer, era si debía usar la mini o macro falda.
¿Pero, de verdad, la mujer no tiene otros problemas más graves? Los modistos aconsejaban la mini para las piernas bonitas y la maxi para aquellas con las que la naturaleza se había portado más roñosa, recordándose, todavía, el escándalo que produjo en la ciudad la modelo que traída desde París por New England (Elcano esquina Peñaflorida), se paseó por vez primera por la plaza Guipúzcoa luciendo falda pantalón.
Y el cronista se preguntaba ¿no es más grave que aún siendo mayor de edad, la mujer debe esperar a tener 25 años para poder emanciparse? Hasta contar con un cuarto de siglo de vida no puede abandonar el hogar paterno sin licencia, salvo que vaya a casarse o a meterse monja «a diferencia de su hermano, que aunque sea un inepto, en igualdad de condiciones puede tomar cualquier decisión».
Pocos eran los hombres que autorizaban lucir minifalda a sus mujeres, pero todos la querían ver en la del vecino, «resultando que este año veremos más macrofaldas que nunca» con el enfado de los respetables maridos.
Pero la gran duda era: a la mujer, ¿liberaba más la mini o la macro? Con la primera demostraba ser independiente, con la segunda evitaba los groseros piropos y la memez de algunas miradas.
¿Sumisión o cooperación para la mujer casada que era una prolongación de su marido? Sin patria potestad sobre sus hijos, sin libertad para decidir trabajar o no, sin poder abrir una cuenta corriente... Incluso cuando la mujer trabajaba, era su marido el que primero tenía derecho a cobrar el salario resultante del trabajo por ella realizado... Así las cosas, ¿era la mini una liberación?
El resto de la indumentaria femenina no tenía mayores problemas: estaba de moda el traje de dos piezas y la blusa ganaba puntos frente a cualquier otra prenda. A ser posible de gasa, organdí o muselina, de color blanco, muy escotada por detrás, con un volante rematado por una cinta, sin olvidar las largas corbatas al cuello que debían lucirse por fuera de la chaqueta. Había dejado de llevarse la blusa camisera y era llegada la hora de los accesorios.
Termina el comentario, firmado por Al. Ma. ¿Qué dirías, tú, chica de 23 años que quieres irte a vivir fuera de casa y no puedes porque tu padre se opone... viendo que tu hermano de 21 coge las maletas y se va?.