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RSS | ed. impresa | Regístrate | 29 agosto 2008

Política

POLÍTICA
José Luis Bilbao discrepa de Ibarretxe y aboga por un acuerdo de fondo con el PSE

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José Luis Bilbao discrepa de Ibarretxe y aboga por un acuerdo de fondo con el PSE
José Luis Bilbao y José Antonio Ardanza se saludan, ayer en Bilbao. [IGNACIO PÉREZ]
BILBAO.DV. El diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, propuso ayer la consecución de un «gran acuerdo» con «expresión política e institucional» entre el PNV y el PSE-EE que «permita construir un nuevo marco jurídico-político que exprese y articular la capacidad de decidir nuestro futuro». Bilbao, que se mostró convencido de que «el Gobierno tripartito está agotado», apostó abiertamente por un futuro basado en la articulación de «un gran entendimiento que dé cauce de expresión política e institucional a la gran corriente mayoritaria de centro izquierda que representa la centralidad en términos sociales». Un acuerdo que, precisó a continuación, sólo puede ser articulado «por el mundo socialista y el mundo nacionalista democrático», que encarnó en el PNV.
José Luis Bilbao desarrolló esta reflexión en una conferencia-coloquio de la Fundación Sabino Arana, durante la que criticó los proyectos de concentración de fuerzas abertzales similares al que defendió, sin éxito, Joseba Egibar de cara a las pasadas elecciones generales y se desmarcó claramente de la hoja de ruta planteada por el lehendakari, Juan José Ibarretxe. El suyo, una vez superado el motivo inicial del discurso -los 25 años de la Ley de Territorios Históricos- fue un mensaje de claro contenido interno.
A la conferencia, celebrada en una de las salas del Palacio Euskalduna, asistió, entre otros, el presidente del BBB, Andoni Ortuzar, quien se marchó antes de finalizar el acto. Curiosamente, la salida de Ortuzar coincidió con el momento en el que Bilbao abordaba la parte más polémica de su intervención. Además, se sentaron en las primeras filas la secretaria del EBB, Belén Greaves; el consejero de Sanidad, Gabriel Inclán; el diputado general de Álava, Xabier Agirre; el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; y el ex lehendakari José Antonio Ardanza (el presidente del EBB, Iñigo Urkullu, estaba en Madrid).
Ante ellos, Bilbao hizo su particular interpretación del término «política con mayúsculas», que ha utilizado el lehendakari Juan José Ibarretxe en sus intervenciones públicas. Para el diputado general de Vizcaya, este concepto no se limita sólo «a los grandes debates» que «sigue teniendo pendientes este país», sino que «también es política con mayúsculas la resolución de los problemas cotidianos de la ciudadanía».
Y ante los asistentes, el diputado general también aseguró que la fórmula del tripartito en el Gobierno Vasco, ha «caducado», está «acabada» y «no garantiza la gobernabilidad». «Los números no dan y los comportamientos son los que son. Mi opinión es que este tripartito está agotado, ha tenido su momento, pero como todo en la vida tiene su tiempo y los yogures también caducan. Creo honestamente que eso está agotado», añadió».
Momento clave
Bilbao habló en un tono duro, agrio en ocasiones, y plenamente consciente de que sus palabras iban a generar una polémica que él mismo buscó. No en vano, tras centrar la primera mitad de su exposición en el tema original de la conferencia, que cerraba un ciclo organizado por la Fundación Sabino Arana, dio sin disimulo un brusco golpe de timón para abordar una segunda parte de hondo calado político. Sus primeras afirmaciones en este capítulo fueron ya muy crudas: «Tenemos un país enfermo» y «en estado grave, porque la violencia de ETA y de sus entornos es una realidad que envilece la vida cotidiana y las relaciones sociales», apuntó.
El diputado general no eludió ningún tema, ni siquiera en el coloquio posterior a la conferencia, cuando le preguntaron por la consulta popular que Ibarretxe tiene previsto celebrar el 25 de octubre. Frente a la rotundidad de esta fecha, Bilbao abogó por «flexibilizar» los plazos. De lo contrario, dijo, se corre el riesgo de «encorsetar algo que puede merecer la pena». El diputado general recordó, asimismo, que aún se desconoce la pregunta que se pretende plantear a los ciudadanos, e insistió en que la consulta debería celebrarse en «ausencia de violencia», porque «ETA influye. Cuando actúa, estamos todos con el pie cambiado».
En todo caso, el político vizcaíno proclamó su firme convencimiento «de la necesidad de un cambio profundo» en el marco jurídico-político actual para superar el «conflicto político entre Euskadi y España». En este sentido, abogó también por «un nuevo marco que exprese y articule la capacidad de decidir nuestro futuro».
Pero insistió en que no será posible alcanzar «un acuerdo válido para la siguiente generación» si no está sustentado «por el mundo nacionalista democrático y el mundo socialista». Alineado también en este extremo con la más pura ortodoxia peneuvista, lamentó que «hoy por hoy no parece que el Partido Socialista esté por la labor».
Convertido desde ayer en el cargo jeltzale que ha llegado más lejos en sus reflexiones tras el revés electoral que sufrió su partido el 9-M, José Luis Bilbao retomó la senda marcada por el anterior líder de su formación. Josu Jon Imaz trabajó por orientar al PNV hacia futuros acuerdos políticos transversales hasta el mismo día en el que renunció a ser reelegido presidente del EBB, para intentar cicatrizar la herida que supuró durante cuatro años en el partido.
De hecho, el propio diputado general de Vizcaya no pasó por alto durante la conferencia que el PNV mantiene «en su seno la permanente tentación de la radicalidad y una preocupante tendencia cainita interna» y advirtió a sus compañeros de partido de que la formación jeltzale «sólo puede seguir siendo el cauce central de la sociedad vasca con responsabilidad y visión de futuro».
Bilbao lanzó este primer mensaje en clave interna tras insistir en que el País Vasco «no es monolítico» y desarrollar su particular visión de las «cuatro corrientes de fondo» que, a su juicio, reflejan esta realidad: una «derechona españolista retrógrada» y «carca» que encarnó en el Partido Popular; un socialismo «jacobino» que niega el «hecho diferencial vasco»; «un nacionalismo vasco profundamente democrático» representado por el PNV; y «una izquierda que se autodefine como abertzale», «autoritaria y fascistoide» y «revolucionaria y a la vez cobarde por su incapacidad demostrada para alzar la voz contra las vulneraciones de derechos humanos».
Después de constatar que ninguna de estas corrientes tiene capacidad «por sí sola» para liderar «en solitario el presente y el futuro de Euskadi» y, en un rápido análisis sobre alternativas de acuerdos ensayadas en el pasado, se detuvo en el Pacto de Lizarra.
«La unidad y la acumulación de fuerzas nacionalistas» de «Lizarra fracasó», dijo, antes de recordar que «hay quienes están tentados de poner en marcha una Lizarra bis bajo las siglas de Euskal Herria Bai para apelar a la sociedad vasca a la defensa grandilocuente de la patria sin pararse a pensar en cómo es hoy la sociedad, con ingredientes monzonianos preocupantes y reviviendo el viejo y trasnochado espíritu eladio de los vascos químicamente puros».
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