El secuestro del atunero vasco es sólo un episodio más del caos que se vive en un país en guerra, abandonado a su suerte por la comunidad internacional. Con este panorama, organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF) tienen que hacer malabares para desarrollar su labor en medio de un clima de inseguridad. Javier Fernández Espada, vecino de Donostia y coordinador general del proyecto de MSF en Somalia, atendió a DV desde Nairobi (Kenia), centro de operaciones de la labor humanitaria en Somalia.
- ¿Somalia es un país olvidado?
- Sí. Desde hace 17 años está sufriendo una crisis humanitaria sin precedentes en ningún otro país del mundo. En el año 1991 cayó el régimen militar que había y el país se vio sumido en el caos. Hasta 2006 fue un país gobernado por señores de la guerra, por clanes, se podría asemejar a la Edad Media, en el sentido de que no había Estado.
- ¿Cuál es la situación actual?
- En 2006 las Cortes Islámicas tomaron el poder de todo el país. Ellos sí que tenían una vocación de Estado, pero estuvieron seis meses en el poder hasta que el ejército etíope apoyó un Gobierno Federal de Transición, que está en el poder desde principios de 2007 y que todavía no ha tenido posibilidad de ejercer porque el país sigue en guerra civil. En la capital Mogadiscio hay combates todos los días.
- 17 años sin servicios públicos...
- Las consecuencias humanitarias son que no ha habido un Ministerio de Salud en esos años, con lo que no hay un sólo enfermero ni una sola aspirina que sean públicos. Todo lo que hay es privado o gestionado por ONGD pero, por la situación de inseguridad Somalia es, de largo, el país con menos presencia de ONGD. Tampoco hay representación internacional. Las oficinas de Naciones Unidas tienen en la capital a dos personas y no hay ni una sola embajada.
- ¿El primer mundo ha abandonado Somalia a su suerte?
- Cuando cayó el Gobierno en 1991, el país quedó muy fragmentado. Luego llegó una gran hambruna y hubo intervenciones de Naciones Unidas, apoyadas por el ejército de Estados Unidos. Murieron bastantes marines y, a partir de ese momento, Somalia desapareció del mapa para la opinión pública. No es un país mediático, no se conoce que haya petróleo y está olvidado.
- ¿Qué parte de la población es la más vulnerable?
- Las mujeres y los niños. La mortalidad infantil y de mujeres embarazadas es muy alta. Otro de los problemas es el hambre. La tasa de malnutrición infantil es de las más altas del mundo. Además, nadie ha vacunado oficialmente en ese país, a excepción de las ONGD, y la gente se muere por una diarrea o un resfriado mal curado.
- Estos días es noticia por la inseguridad que hay en el mar...
- Las condiciones en las que tenemos que trabajar en Somalia son muy extremas. Comparado con cualquier otro país en los que opera MSF, las medidas se seguridad que tomamos son muy grandes porque el riesgo está ahí. Sin embargo, a pesar de las medidas, en diciembre tuvimos el secuestro en Boosaaso y nos vimos obligados a cerrar un proyecto de centro nutricional. Desde que se agudizó la guerra, la gente es todavía más pobre y eso repercute en que haya mayores niveles de delincuencia.
- ¿Le ha tocado vivir situaciones de peligro?
- Situaciones de peligro reales no solemos vivir pero hay momentos de más tensión. Hay veces que vamos a Mogadiscio y puede haber un combate con tiroteos en la ciudad, pero nosotros hasta ahora hemos tenido siempre muy buena aceptación por parte de la población. Esto es lo que más nos protege. A pesar de eso, en enero murieron tres compañeros holandeses de MSF. Los secuestros de barcos no son más que un reflejo de la inseguridad que hay en tierra.
- ¿Qué medidas toman?
- Viajamos en 4x4 alquilados y tenemos contactos en todas las rutas que hacemos. Hablamos con los líderes tradicionales locales por donde pasamos y ellos se encargan de avisarnos si hay riesgos.
- Operan desde Nairobi...
- Los extranjeros nos retiramos de Somalia en enero, tras la muerte de los holandeses. Tenemos médicos y enfermeros somalíes y nosotros hacemos entradas puntuales desde Kenia. Reforzamos los puntos más flojos y salimos. Hace diez días estuve en Mogadiscio.
- ¿No actúa el Ejército?
- Hay un Ejército pero, desde luego, su prioridad ahora mismo es la guerra y no el control de la delincuencia, los saqueos, piratería...
- ¿La piratería en el mar es común?
- Sí, cada vez hay más asaltos.
- ¿Quién está detrás de estos piratas?
- No lo sé. Hasta el momento no tengo conocimiento de que hayan hecho algún tipo de reclamación política. De momento, todos los casos que conozco de piratería en el mar han sido por una cuestión económica. De la misma forma que roban convoys en tierra firme, para llevarse la comida y el dinero, se dedican al secuestro de barcos. No es algo nuevo y el Gobierno no tiene recursos para controlarlo.
- ¿Cómo cree que se solucionará el secuestro del atunero?
- No lo sé. Lo que sé es que el Gobierno provisional es reticente a que se pague. Al menos es lo que dice públicamente. Es la misma política de cualquier país.