El futuro de la plazoleta de la Brecha está de actualidad, como también lo estuvo en el pasado. Hace todavía muy pocos años que abandonaron sus puestos ambulantes de la plaza de la Constitución las últimas caseras que en ella vendían sus productos.
No es necesario tener mucha edad para guardar en la memoria imágenes de su presencia con lechugas, puerros y otras verduras extendidas en el suelo. Eran las últimas que lo hacían... las sucesoras de aquéllas rebeldes que en 1871, cuando se inauguró el Mercado de la Brecha, se plantaron ante el Ayuntamiento negándose a dejar sus lugares de venta de toda la vida.
La apertura del Mercado revolucionó las costumbres y no todos estuvieron de acuerdo en aceptar las nuevas, pero abrió horizontes a otras posibilidades como la de celebrar Mercados Semanales. Es lo que se pedía hace 125 años desde las páginas de El Urumea, no sólo por al gran éxito que tenían los dos semanales que se celebraban en Bayona, sino porque muchos de los artículos que se vendían en San Sebastián procedían de dichos mercados, aunque también llegaban de Tolosa y Villafranca (Ordizia).
Se nombró una comisión municipal para tratar el tema y estudiar la forma de atraer compradores, proponiéndose celebrarlo los jueves y domingos, siendo básico el conseguir rebajas en los trenes a quienes acudieran al mismo y desgravar de impuestos a las mercancías adquiridas en San Sebastián. También ganaría la provincia, porque ya no se acudiría tanto a Bayona.
Pero el proyecto no cuajó y hace 50 años, en 1958, encontramos en plena pujanza los mercados de Tolosa, Villafranca, Zumarraga, Beasain, Vergara y Elgoibar con ofertas como las siguientes, traducidas a euros: Tolosa ofrecía cordero a 20 céntimos de los actuales euros el kilo y Villafranca a 18, mientras que la docena de huevos se vendió a 16 y 18 céntimos respectivamente. El pollo, artículo de lujo, en Beasain costó 35 céntimos el kilo y en Elgoibar 30. Las lechugas y las berzas se pagaron a un céntimo cada una, mientras que la coliflor se llevaba la palma a tres céntimos unidad.
Las proletarias alubias, aunque fueran del país, costaban entre 6 y 8 céntimos el kilo; la leche se pagó a tres céntimos el litro, el queso viejo de oveja a 26 y el fresco a 16. Se compraban para el caserío, pero también se acostumbraba comprarlos como juguete para los más pequeños, y llegamos a verlos en la propia Brecha: los pollitos vivos valían 5 céntimos y 28 los patitos.