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RSS | ed. impresa | Regístrate | 21 julio 2008

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Una historia desesperada

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Una historia desesperada
IRUN. DV. Conchita Aranceta, integrante del servicio religioso que el Obispado presta en los centros sanitarios, acompaña a Víctor Manuel León Vizhnay en su habitación del Hospital Comarcal del Bidasoa, donde fue ingresado hace una semana. «Tiene una situación muy complicada», dice Conchita. Ella fue quien dio la voz de alarma sobre el caso de este inmigrante ecuatoriano, uno de los once heridos en el accidente registrado el pasado día 16 en el cruce de Sunbilla, cuando un autobús de La Baztanesa, que cubría la línea Pamplona-Donostia colisionó con un camión.
«El autobús iba a cruzar para entrar en el pueblo y entonces chocó», recuerda Víctor. «Yo estaba en mi asiento y al colisionar el bus, me golpeé muy fuerte contra el otro lado, caí al pasillo y ya de ahí no me pude levantar. Luego, alguien me sacó del bus y me desmayé. Me trajeron aquí, al hospital. Tengo la pelvis rota, no puedo caminar y el médico cree que no estaré bien antes de tres meses».
Tres meses es una eternidad para Víctor Manuel León Vizhnay. Está muy preocupado por sus hijos. «Tengo cuatro niños en Ecuador, en Machala. Si yo no trabajo, ellos no tienen de dónde comer».
El viaje a Bera
La historia de Víctor es una de tantas entre la comunidad de inmigrantes latinoamericanos. Llegó a España hace cinco años, en busca de un futuro más prometedor para su familia y se estableció en la provincia de Almería, donde convive en la actualidad con sus cuñados. La construcción y la agricultura han sido, hasta la fecha, las fuentes de ingresos de Víctor. La última empresa para la que ha trabajado está ubicada en la localidad almeriense de San Isidro-Níjar. «Trabajamos tres días por semana, en el tomate», dice. «Yo tengo un amigo en Pamplona, que me animó a venir porque había un trabajo en Bera que podía ser bueno. Y a eso venía, a ver si el empleo era bueno, cuando sucedió el accidente».
El trabajo de temporero no es nuevo para Víctor. «En Ecuador recogía plátanos, pero ganaba 40 dólares a la semana. Desde que estoy en España,envío a mi familia entre 500 y 600 euros por mes. Es duro estar lejos de ellos, pero puedo mantenerlos y ellos están bien».
Víctor Manuel León tiene los papeles en regla. Sin embargo, su situación actual no deja de preocuparle. «He hecho la primera renovación de la tarjeta de residente. En este momento, está en trámite, pero tengo mucho miedo de que las cosas se compliquen por el accidente. Cuando me ingresaron en el hospital, llamé a un amigo que trabaja conmigo en Almería para que le dijera al jefe que no podía ir al día siguiente. Él me llamó después y me dijo que, al enterarse de que estaba en el hospital, me cancelaron el contrato». El médico ha pasado visita. Dentro de unos días, Víctor Manuel León recibirá el alta en el hospital y deberá someterse a un periodo de rehabilitación. «Ahora tengo que decidir si regresar a Almería o quedarme aquí durante la recuperación», dice.
«Quizá puedan trasladarle a un centro de Cruz Roja o a Matía, si hay plazas, durante el tiempo que dure su rehabilitación», señalan en el hospital. «En caso de que vuelva a Almería, tendría que hacerlo en ambulancia, porque no está para ir en autobús». Víctor esperaba ayer tarde la llamada de su mujer desde Ecuador. «No he hablado con ella todavía. Yo preferiría que no supiera lo que me ha pasado, pero mis cuñados la han avisado. Tengo ganas de hablar con mi familia, pero al mismo tiempo no, porque no quiero que sufran».
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