san sebastián. DV. Pese a su juventud, Pello Etxeberria conoce bien los peligros que encierran las aguas del Índico. Al igual que la tripulación del Playa de Bakio, secuestrada en Somalia, este donostiarra de 29 años ha estado en varias ocasiones a punto de ser asaltado por los modernos piratas que han hecho del abordaje a todo tipo de barcos su medio de vida. «En Yemen estuvimos a punto de caer en manos de uno de esos grupos. Tuvimos suerte porque estábamos terminando de recoger la red y pudimos salir a tiempo», explica.
Pello Etxeberria, vecino de la Parte Vieja, ha trabajado, al igual que su hermano José Miguel, para varias empresas atuneras, al principio de primer oficial y posteriormente como capitán. Ha patroneado el Elay Alai, el buque en el que actualmente se encuentra Josu Arana, hermano de Mikel, el arrasatearra secuestrado.
Etxeberria reconoce que la vida en estos buques, lejos de sus casas y de sus familiares, es dura. «Los mandos trabajan periodos continuos de cuatro meses y tienen otros cuatro de vacaciones. Los oficiales, sin embargo, hacen también campañas de cuatro meses y disfrutan de otros dos de descanso», recuerda.
La jornada a bordo comienza muy temprano. «La gente se levanta cuando el sol sale, sobre las cinco de la mañana. Eso si el barco no ha estado navegando de noche. Si es así, el personal tiene que estar de guardia. En las máquinas y en el puente siempre tiene que haber alguien. Por lo demás, durante el día, el patrón busca los bancos de atunes y la tripulación permanece expectante a las órdenes que llegan del puente».
Congelado
Pello Etxeberria recuerda que en las campañas en el Índico permanecían entre un mes o mes y medio sin pisar tierra. «Era el tiempo que tardábamos en completar la carga de atunes, en llenar las bodegas. El pescado era congelado. Posteriormente, nos dirigíamos a descargar a las Seychelles, a Port Vitoria, o a Madagascar, a Diego Suárez. También íbamos a Mombasa, en Kenia. En el puerto, el pescado era transportado hasta plantas conserveras o cargado en mercantes que lo llevaban a Galicia, Italia o Bangkok. En estos puertos no teníamos ningún problema. El peligro estaba más al norte, en Somalia, en Mogadiscio o en Yemen».
Los atuneros utilizan grandes redes para sus capturas. El sistema es parecido al que emplean los pesqueros de cerco vascos que se dedican a la anchoa. «Los buques ponen en práctica dos modos para detectar la presencia de los túnidos. Una es por manchas, es decir, cuando los patrones avistan los bancos en superficie con sus prismáticos. Luego hay otra modalidad en las que se usan balizas. Cada barco echa al mar en torno a medio millar de boyas que llevan incorporados unos transmisores. Estos, mediante GPS, permiten detectar los bancos de atunes, ya que los peces se aproximan a ellos. A veces, estas boyas, arrastradas por las corrientes, se adentran en aguas peligrosas, en las que puede haber piratas. Pero cuando se sospecha que la captura puede ser buena, se arriesga. Todos lo hemos hecho alguna vez», afirma.
Momento crítico
Pello Etxeberria sostiene que es precisamente en las maniobras de lanzado y recogida de la red cuando se registra el mayor número de los abordajes. «Es el momento crítico. Hay que tener en cuenta que las redes que se emplean pesan alrededor de 90 toneladas. En consecuencia, la maniobra de largada y recogida puede durar entre una y dos horas, eso siempre que no tengas ningún contratiempo. Es entonces cuando vienen los piratas. Normalmente lo hacen en cayucos con motor, en embarcaciones rápidas. Aprovechan que el barco está quieto para subir. ¿Que cómo saben que estamos parados? A través de su radar ven que no nos movemos y se lanzan a por nosotros. Van armados, no puedes hacer nada. Vienen, te trincan y adiós», relata.
Este capitán donostiarra vivió frente a Yemen un intento de asalto. Tuvieron suerte y pudieron escapar. «Nos sorprendieron cuando teníamos la red casi recogida. Estábamos en las últimas. Nos dio tiempo a poner todo en marcha y nos salvamos», recuerda Pello, quien reconoce que una vez que el buque emprende la huida es prácticamente imposible que pueda ser abordado. «Es muy difícil que lo hagan. Se les puede hacer frente incluso hasta con una manguera potente. Como los cayucos son pequeños, es relativamente fácil combatirles», señala.
Pello Etxeberria está convencido de que en el asalto al Playa de Bakio los piratas contaron con la asistencia de un buque nodriza. «Si como aseguran el ataque se llevó a cabo a casi 200 millas de la costa, necesariamente han tenido salir desde un barco, desde un cacharro viejo que seguro les ha dado cobertura. De lo contrario no es posible desplazarse tantas millas», afirma.
Atento todo el día
El capitán donostiarra asegura que la vigilancia ha de ser permanente en el puente. «Hay que estar siempre alerta, uno no se puede relajar. En ocasiones nos hemos salvado de situaciones complicadas precisamente por estar atentos. Recuerdo que varias veces detectamos a través del radar la aproximación de embarcaciones sospechosas. Sin pensarlo más, nos pusimos en marcha rápidamente y nos alejamos. Eran piratas».
Desde España, la flota atunera desplazada al Índico recibe mensajes desde la asociación de armadores que les previenen de posibles zonas de riesgo y les informan de las incidencias que se registran. «Hay que respetar estas indicaciones. En ocasiones la avaricia rompe el saco y para obtener unas capturas que a la postre no aportan gran cosa, se arriesga demasiado. Eso lo he visto yo», afirma Etxeberria.
El capitán asegura que la mayoría de los capitanes de los atuneros no guarda armas en el barco. «Yo soy partidario de llevarlas. De hecho, en alguna ocasión he tenido que hacer uso de ellas. No fue en el Índico, sino en el Mediterráneo, donde ahora me dedico a llevar yates de lujo. Sucedió en aguas de Italia. Era de noche y estábamos fondeados. Intentaron subir al barco. De todas formas, las empresas atuneras recomiendan que no se oponga resistencia».