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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 julio 2008

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Giputxirene | Juan Aguirre
UN LIBRO, AL MENOS HOY

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UN LIBRO, AL MENOS HOY
Todos los miércoles la biblioteca ambulante del municipio de Westminster se detiene frente a las cocinas del Palacio Real para distribuir préstamos entre el personal. La Reina esto lo ignoraba hasta que un día sus perros se lo hicieron saber a ladridos. En un gesto de soberana profesionalidad, aquel miércoles Elisabeth II tomó su primer libro prestado. Aunque la obligación de una jefe de Estado consiste en «hacer cosas», y leer era para ella exactamente lo contrario, cumplió con su compromiso y dio cuenta del libro de principio a fin.
Ahí habría terminado la relación de Su Graciosa Majestad con la lectura de no ser porque al miércoles siguiente un segundo libro cayó en sus manos, el cual, por una afortunada elección, le hizo pasar un rato delicioso. A partir de entonces la monarca inglesa encuentra en la república de las letras un placer tardío pero intenso que alterará su vida personal, la familiar y hasta el destino de su reino.
Que la octogenaria heredera de la dinastía Windsor se entregue de pronto a la lectura con juvenil delectación no resulta del agrado de todos los cortesanos, y ello da pie a rumores y curiosos equívocos. Por ejemplo, cuando los miembros del equipo de seguridad detectan que tras el almohadón de su carroza hay un sospechoso volumen, lo hacen explosionar por si se tratara de un artefacto. «Exactamente -dice ella al enterarse-. Un libro es un artefacto para encender la imaginación».
En ocasiones, Elisabeth deseará no haber abierto nunca un libro y entrado así en el interés por otras vidas; se pregunta si eso le habrá echado a perder para su oficio: «Creo que quizá me estoy convirtiendo en un ser humano. No estoy segura de que sea una evolución bien recibida». Pero ya no hay vuelta atrás: página a página, la soberana británica descubre que leyendo uno se lee a sí mismo mientras sentimientos y pensamientos propios se nos revelan ante esos espejos de papel. Y anota en su diario: «No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos».
Este es el argumento de Una lectora nada común, novela breve que acaba de salir en librerías con la firma de Alan Bennett, un escritor de la mejor escuela del humorismo inglés. Dado que hay quienes, al menos un día al año, el 23 de abril, acostumbran comprar un libro, dejo aquí esta recomendación doblemente sabrosa por lo que tiene de divertida y por tratarse de una estupenda fabulilla sobre el poder de encantamiento de la lectura. Una recomendación especialmente dirigida a los que, como Unamuno, prefieren los libros que hablan como humanos a los humanos que hablan como libros; es decir, a quienes nos gustan más los reyes de novela que esos otros discurseadores de carne y hueso.
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