SAN SEBASTIÁN / ARRASATE. DV. Son horas de angustia y espera. En casa de Francisco Candamil y de Mikel Arana, los dos guipuzcoanos enrolados en la tripulación del Playa de Bakio, no pierden la esperanza de que llegue «pronto» un desenlace positivo al secuestro.
En el domicilio del pasaitarra Jaime Candamil se respira una tensa calma. El teléfono no deja de sonar. «No ha parado en todo el día. Llevo colgada al aparato desde por la mañana», afirma Gloria Casanova, madre del mecánico del atunero Playa de Bakio, secuestrado en Somalia. En el salón de casa, Francisco, el padre, de 83 años, parece abatido. «Lo está pasando francamente mal, está llorando», afirma Gloria.
El matrimonio Candamil-Casanova lleva más de medio siglo residiendo en Gipuzkoa. Como buenos pasaitarras, son originarios de Galicia. «Mi marido es Pontevedra, de Marín, y yo de Monforte de Lemos, de Lugo. Nos conocimos aquí. Llevo 53 años en Pasajes y mi marido más de 60. Él se vino para trabajar en la mar. Ha sido pescador», explica Gloria.
El matrimonio tuvo dos hijos, un varón y una mujer. «Jaime es el mayor. Tiene 53 años años y lleva ya muchos años también en la mar. Es mecánico y antes de enrolarse había estado en un taller, aquí en Pasajes. Pero la empresa cerró y dijo que se iba a la mar. Y allí está desde entonces», relata la madre.
Jaime Candamil lleva aproximadamente cinco años trabajando para la empresa armadora del Playa de Bakio. Anteriormente lo hizo para otras navieras. «Suele pasar cuatro meses embarcado y dos en tierra. En esta última salida llevaba poco menos de dos meses. Justo estaba en el ecuador de su periodo», relata la madre.
Los padres tuvieron conocimiento del secuestro a través de su hija. «Nos llamó para decirnos lo que había sucedido. Luego, a través de los periodistas, hemos ido teniendo más detalles. También nos han llamado representantes de los armadores. Nos han dicho que estemos tranquilos, que van a hacer todo lo que esté en sus manos para que el secuestro termine pronto y de manera satisfactoria», afirma Gloria.
Buenos deseos
En el domicilio familiar, situado en el número 18 de calle Pescadería, los padres de Jaime aguardan acontecimientos. «Nos han dicho que los tripulantes se encuentran en buen estado de salud y que es cuestión de tiempo. Los secuestradores han pedido un rescate por la liberación. Esperemos que las negociaciones discurran por buen camino y que todo se solucione rápidamente», señala la madre.
Gloria Casanova explica que en ningún momento su hijo les transmitió temor alguno por la existencia de grupos de piratas somalíes. «Nunca nos había dicho que existía ese riesgo. Nosotros lo desconocíamos. La verdad es que mi hijo tampoco es muy hablador. Todo lo contrario, es más bien reservado. Cuenta lo justo. Cuando hablamos de cómo es la zona en la que trabaja sólo dice que hace mucho calor».
La madre añade que jamás ha tenido problemas en el barco. «Que yo sepa es la primera vez que se topa con piratas», afirma la madre
Francisco Candamil es padre de dos chavales. Lander tiene 15 años y cursa estudios en el Instituto de Bidebieta-La Paz, mientras que el menor, Jon, de 11, acude al colegio Virgen del Carmen. El marinero pasaitarra se encuentra actualmente separado, «pero tiene novia, trabaja en el hospital», afirma su madre.
Sus periodos de descanso en Pasaia los aprovecha para estar con los suyos. «Tampoco es que salga mucho y no tiene tampoco especiales aficiones. Alguna vez suele ir a la ver un partido de fútbol. Es seguidor de la Real», señala la madre.
Pese a los momentos de tensión, Gloria Casanova mantiene la serenidad. «Estamos esperando a ver si suena el teléfono y de una vez por todas nos dicen que todo ha terminado bien. A ver si es mi hijo el que me llama. Será una gran alegría poder escuchar de nuevo su voz. Alguna vez ya ha llamado desde allí y, seguro que en esta ocasión, en cuanto pueda también lo hará. No nos queda otro remedio que esperar», afirma la madre.
Le esperaban en casa
Si en Pasaia se viven horas de espera, en el corazón de Gipuzkoa las horas también pasan despacio. El joven marino arrasatearra Mikel Arana, mecánico engrasador a bordo del buque atunero congelador Playa de Bakio, no podrá reunirse hoy con sus familiares y amigos como tenía previsto. Este aspirante a jefe de máquinas -sólo le resta acumular las 3.000 horas de navegación exigidas- terminaba justo ayer su turno de 4 meses a bordo de este barco pesquero que faena en el Océano Índico.
Hoy les esperaban en casa su madre Miren Iñarra y su padre Joxe Mari Arana. Pero los piratas que infestan las aguas del Índico han truncado los planes de esta familia arrasatearra, que ahora se debate entre la impotencia y la incertidumbre. «Impotencia -explicaba Joxe Mari Arana- porque no hay nada que podamos hacer» para resolver el secuestro acaecido a tantos miles de kilómetros; e incertidumbre porque «es muy difícil conocer la verdad de cómo se están desarrollando realmente los acontecimientos».
Arana, que sobrelleva con admirable entereza el trago de saber a su hijo Mikel en manos de bandidos armados y peligrosos, no se cree todo los que se publica en los medios en torno al secuestro. Tiene, en cambio, un canal de información privilegiado, más allá de ministerios y demás instancias administrativas: se trata de su otro hijo, Josu, gemelo de Mikel y marino de profesión como él. Josu Arana es el primer oficial del atunero congelador Elay Alai, que también faena en el Índico, concretamente frente a las costas de Tanzania, no muy lejos del apresado Playa de Bakio. Y él es, desde su puesto en el puente, quien facilita a su padre la única información fiable que recibe. «Y hay algunas cosas que no se pueden contar, y no digamos publicar», advierte el padre de estos dos jóvenes marinos arrasatearras.
Mikel y Josu s coincidieron hace escasamente 15 días en una de las bases de la flota pesquera del Índico. «Estuvieron juntos durante 3 ó 4 días», recuerda su padre. Joxe Mari confiesa que observa a su hijo Josu «muy afectado» por el secuestro de su hermano, y a la madre de ambos también. Pero él no pierde el optimismo y sabe mejor que nadie de qué pasta está hecho su hijo Mikel: Es «reservado, metódico y muy serio en el trabajo. Es fuerte y sabrá cómo hacer frente a cualquier situación» asegura el progenitor.
No es la primera vez que Mikel se ve envuelto en un ataque pirata. El mercante, perteneciente a la Naviera Murueta en el que navegó con anterioridad, fue asimismo víctima de un intento de abordaje frente a las costas de Argelia. En aquella ocasión la tripulación logró repeler el ataque.
Pero viendo cómo se las gastan los piratas del Índico, Joxe Mari Arana es poco amigo de intervenciones militares. Las noticias de que una fragata de la Armada Española se encamina hacia las costas de Somalia, con la hipótesis de un eventual asalto al buque secuestrado, no le infunden «ninguna confianza». «No creo que esa sea la buena solución. Primero, que negocien la liberación de la tripulación, y luego que hagan lo que quieran» sentencia.
Marinos de vocación
Mikel y Josu Arana Iñarra, que el 12 de mayo cumplirán 22 años, estudiaron en el Instituto Politécnico Marítimo Pesquero de Pasaia. «A los 15 años se mostraban inclinación a todo lo que tiene que ver con la náutica», explicaba su padre.
Determinante fue el hecho de que los dos hermanos gemelos crecieron a caballo entre Arrasate y la localidad costera cántabra de Ajo, donde la familia posee una vivienda.
Los jóvenes y viejos marinos cántabros, con sus deslumbrantes historias sobre grandes viajes, despertaron la pasión marina en Mikel y Josu. Para incredulidad de sus compañeros de la Ikastola Almen, tras concluir el bachillerato se matricularon en el Instituto Marítimo pasaitarra, donde Mikel, siguiendo su inclinación por la mecánica, estudió para jefe de máquinas. Josu, por su parte, se preparó para ocupar un puesto de oficial en el puente.
Esforzados deportistas desde la niñez, Mikel y Josu completaron el Camino de Santiago en bici, junto con su padre, cuando tenían 10 años. Un año más tarde se fueron pedaleando desde Arrasate hasta la Costa Brava.
Han practicado balonmano, fútbol, surf. y han complementado su estudios marinos con cursos de socorrismo y supervivencia en la mar, rescates, pilotaje de lachas rápidas.
Todo ello infunde a Joxe Mari confianza en la capacidad y en la buena preparación de sus hijos para afrontar situaciones como la que le toca vivir a Mikel.