Cuando Elene y Xabier crezcan -ahora son dos preciosos bebés de seis meses- podrán contar que su nacimiento fue fruto de un logro médico esperanzador. Sus padres, una pareja guipuzcoana que prefiere guardar el anonimato, han podido cumplir el sueño de la maternidad a pesar de convivir con el sida desde su juventud. Él se infectó cuando el virus cabalgaba como un perfecto desconocido. Luego conoció a María (nombre ficticio), se enamoraron, y comenzaron una relación, como cualquier otra pareja, pero bajo la amenaza de la enfermedad. «Nunca nos ha ocasionado ningún problema, porque mi pareja tuvo la suerte de reaccionar bien con la medicación», cuenta ella. Pero la maternidad continuaba aparcada en sus planes de pareja, como un proyecto vedado por los anticuerpos. «Yo siempre le decía a mi marido que quería ser madre, pero él era mucho más reticente. El problema del sida te cortaba mucho más», admite.
Todo cambió a finales de 2006 cuando su médico les informó del programa de lavado de semen que Osakidetza acababa de incluir en su catálogo de prestaciones. «No lo pensamos. Todo fue tan rápido, y estaba tan bien preparado, que no nos dio tiempo a echarnos para atrás», relata María. La primera inseminación acabó en embarazo y nueves meses después nacían los gemelos. «Estamos felices. Nunca imaginamos que podríamos tener hijos sanos. Si no fuera por los médicos, no hubiésemos podido ser padres. Les agradecemos todo su trabajo, su amabilidad. Sin ellos...».