BEASAIN
El último tintorero artesano dice adiós
José Luis Gómez 'Motril' bajó la persiana de su Tintorería Urbasa por jubilación, un comercio abierto en el año 1971 cuando aún se teñía la ropa y el tergal era el rey de las telas
20.04.08 -

José Luis Gómez Motril preparando una de las últimas prendas llegadas a la Tintorería Urbasa. [JUANTXO UNANUA]
BEASAIN. DV. Se trata de una profesión, un comercio que encaja a la perfección en una de las profesiones conocidas desde siempre como artesana pero que está en vías de desaparición baja la persiana, se trata de Tintorería Urbasa, José Luis Gómez más conocido como Motril por su lugar de nacimiento, el tintorero de la misma se jubila. Lo hace no sin cierta nostalgia sobre todo por los buenos momentos que le ha dado este profesión a lo largo de su vida laboral que «además te obliga a mantener un contacto más que directo con la clientela», señala.
Corría un 20 de marzo de 1971 cuando Tintorería Urbasa, nombre tomado en honor a la sierra a la que José Luis y su familia han acudido en infinidad de ocasiones, abría sus puertas.
El jueves Motril se encontraba a pie de mostrador, en el interior del local reinaba el silencio, las máquinas paradas, el vapor ya no brotaba de las planchas, que destierran de plano aquel famoso slogan la arruga es bella. Entre máquinas y planchas colgando de las paredes una serie de imágenes de su Motril querido y alguna imagen de la Virgen del Rocío, «de joven fui rociero -dice con orgullo- no renuncio a mis orígenes pero por supuesto me siento beasaindarra como el que más».
En el mostrador entre entrega y entrega de las últimas prendas que colgaban de las perchas José Luis afrontaba esas últimas horas simpático y dicharachero como siempre y recordando a la clientela que bajaba la persiana, atrás quedan 37 años de historia de la Tintoreria Urbasa.
Otras telas, otro tiempo
Rebobina la historia de Tintorería Urbasa unas décadas y recuerda como han cambiando los tiempos «las telas para confeccionar las prendas que llegaban a la tintorería para resolver el problema puntual causado por una inesperada y en muchos casos inoportuna mancha, los líquidos y métodos utilizados para eliminarlas». «Antaño toda o la mayoría de la ropa era de lana, algodón o tergal y esto último las señoras lo limpiaban en casa. Eran unos años en los que a la ropa se le sacaba mucho más jugo, se teñía mucho. Se daba vuelta a los abrigos, se teñían, aunque a veces la muestra del tinte no era igual que el color de la tela y podía surgir algún problemilla al margen de los lutos que había que entregarlos en un plazo de 24 horas», recuerda.
El cambio, los nuevos métodos, las nuevas telas, José Luis ha vivido de lleno este cambio. «Estos últimos años nos hemos tenido que pelear con las sedas, tafetanes, fibras... pero el problema llega en aquellas prendas que están confeccionadas a saber dónde y llevan cosida la correspondiente etiqueta con falta total de información de cómo lavar la misma, pero son los tiempos que corren».
A Motril no ha habido mancha que se le resista, bueno alguna sí, «si no he podido quitarla, por supuesto que el trabajo y esfuerzo dedicado a la misma no se lo he cobrado». Habla de una de las peores manchas, las del rotulador aunque el vino por ejemplo según sobre qué tipos de telas caiga, no lo es menos, ahora si es en algodón no hay ningún problema, comenta el tintorero beasaindarra.
La mayoría de la clientela han sido mujeres, pero también ellas se encargan de la ropa de sus respectivos, sobre todo de los trajes «y los trajes de novia que he limpiado también son muchos y en algún caso acabando la faena y la novia esperando al traje para vestirse e ir a hacer las fotos», concluye.
A las puertas de la jubilación Motril vuelve a decir que no sabe que es eso del aburrimiento. «De entrada me dedicaré más tiempo a cuidar a mi nieta, parte de mi tiempo libre también lo seguiré dedicando a la cofradía de la Morcilla, y otras varias ocupacio- nes».




