José Luis Rodríguez Zapatero hizo caso en el debate de investidura a los dirigentes del PSE, fortalecidos después de las elecciones generales y que vieron con satisfacción el tono del candidato a presidente en relación con el PNV. «Para saber si nos montamos o no en el tren tenemos que saber a dónde va», señaló Zapatero en plena réplica al portavoz jeltzale, Josu Erkoreka.
Zapatero ya ha adelantado en los últimos meses las claves que maneja para Euskadi. Primero, con una oferta para implicar «a todos los grupos» políticos en un pacto contra ETA. En segundo lugar, con el rechazo de un cambio del actual marco político sobre la base del derecho de decisión de la sociedad vasca, es decir, de un prisma nacionalista que, en su opinión, excluye por lo menos a la mitad de la sociedad vasca. Los nacionalistas creen, no obstante, que una negativa a la bandera del diálogo y a «la solución» también genera su propio desgaste al Partido Socialista «si tenemos en cuenta que en las encuestas, sus propios votantes no se oponen a la consulta».
Los socialistas vascos reclaman claridad. Desde el PSE se pone en cuestión la capacidad que puede tener el nacionalismo vasco para condicionar el futuro escenario. «No no van a poder presionar a Zapatero con la hoja de ruta de Ibarretxe porque no resultan imprescindibles».
Zapatero, en su investidura, dibujó los límites del pacto con el PNV. De entrada, un «acuerdo entre vascos» que no desborde la Constitución y mediante un procedimiento, la reforma estatutaria que después de pactarse en el Parlamento Vasco, debería tramitarse en el Congreso y luego ser sometido a referéndum en Euskadi. Un «acuerdo entre vascos» respetuoso con la «convivencia de identidades».
«A lo mejor no hay que esperar al mes de junio», confiesa un dirigente nacionalista, ante la perspectiva de un rápido desacuerdo. Lo que no admiten los jeltzales es que se les remita al PSE para negociar un nuevo modelo de autogobierno «porque el 'cepillo' para renegociar a la baja un nuevo pacto no lo tienen ellos, lo tiene Madrid». Pero los socialistas vascos dicen que no se van a dejar esta vez 'puentear'. Insisten en que la hoja de ruta de Ibarretxe «es un camino a ninguna parte» y consideran que el asunto de Arrasate ha adquirido un significado decisivo. Los nacionalistas sospechan que el PSE está jugando con cálculo en esta cuestión para desgastar a Ibarretxe y al nacionalismo en sus contradicciones internas. Los socialistas lo niegan y se defienden con una frase: «No les vamos a sacar esta vez del lío en el que se han metido. Tienen que salir ellos solos».