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Teodoro Olarte en su centenario
20.04.08 -

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Teodoro Olarte en su centenario
T eodoro Olarte Sáez del Castillo nació en Amárita-Vitoria el 20 de abril de 1908. Murió en San José de Costa Rica el 18 de mayo de 1980. Por razones culturales e ideológicas tuvo que renunciar a su país de origen. Optó en su exilio personal por un pequeño y entrañable país, Costa Rica, que le ofreció la posibilidad de poder desarrollar un proyecto de vida, centrado preferentemente en la docencia y en la investigación. En esa tierra de libertad y en libertad entregó lo mejor de su persona: su vida y su saber. El 20 de abril se conmemora el centenario de su nacimiento. Es otra de las figuras universales desconocida en nuestro país por causa de la historia y por el paso del tiempo. El Ayuntamiento de Vitoria prepara un volumen con una breve selección de su obra junto a un amplio prólogo, en el que se expone los hitos fundamentales de su vida, de su obra y de su pensamiento. Merecido homenaje de la ciudad a uno de sus hijos más preclaros.
En septiembre de 1919 ingresó en el monasterio franciscano de Arantzazu. En 1931, con veintitrés años, se ordenó sacerdote. A mediados de 1936, se encontraba en Coyoacán, México, desde donde marchó al poco tiempo a los Estados Unidos. Parece que, cuando se trasladó a América, ya arrastraba un serio problema de vocación. Después de varios años de dura lucha interior, se decidió por el abandono de la vida sacerdotal. El retorno al hogar y a su tierra era imposible. ¿Qué hubiera significado en la España de finales de 1939 la presencia de un sacerdote que había abandonado los hábitos religiosos? Su destino tenía que ser otro. En un principio su idea era integrarse en el equipo de trabajo del navarro Juan David García Bacca y del donostiarra Eugenio Imaz en el proyecto de creación de la Facultad de Filosofía y Letras de Caracas. Sin embargo, la amistad que mantuvo con el cónsul costarricense en La Habana (lugar al que fue en varios ocasiones durante su estancia en Estados Unidos), Lara Bustamante, hizo que cambiara de planes. Llegó a Costa Rica el 16 de febrero de 1940.
Al poco tiempo de su llegada estaba trabajando en diferentes colegios de la capital. Su vida durante los primeros años, fue un continuo caminar de un colegio a otro para impartir las disciplinas para las que había sido contratado. Sin embargo, tenía claro que la enseñanza secundaria no era su meta, sino simplemente una etapa de su camino. Sus miras estaban puestas en la Universidad. Como los estudios eclesiásticos no tenían validez civil, tuvo que realizar los estudios obligatorios para obtener el grado universitario. En 1945 obtuvo la tesis de licenciatura.
En esta época, 1946, Teodoro conoció a una joven costarricense de nombre Graciela Palatino. Teodoro y Graciela se casaron por lo civil en 1949. De esta unión nacieron sus dos hijos: Jaime Adolfo (1950) y Jorge Arturo (1954). Esta situación de unión civil duró hasta el año 1965, año en el que recibió de Roma la dispensa de sus responsabilidades sacerdotales.
La primera actividad como profesor universitario se dio en el curso 1947-48, cuando fue contratado para impartir un curso de psicología en la Facultad de Ciencias y Letras. Los resultados tuvieron que ser satisfactorios, porque el curso de psicología siguió vigente durante los siguientes años. En el curso 1952-53 dio un paso adelante en el proceso de plena integración en la vida universitaria. A la asignatura de psicología añadió las disciplinas de Gramática Castellana y de Latín. En 1956, Teodoro suscribió un contrato laboral con la universidad de Costa Rica a tiempo completo. Era un paso importante y muy deseado, ya que le permitía centrar todos sus esfuerzos en la docencia y en la investigación. A partir de 1960, ya con categoría de catedrático, se hizo cargo de las disciplinas de Filosofía del Lenguaje y de Filosofía de la Cultura y a partir de 1962 añadió a su haber la asignatura de Antropología Filosófica.
En 1958 es nombrado director del Departamento de Filosofía. A partir de ese momento los cargos y los reconocimientos se suceden y se multiplican. Es elegido vicepresidente de la Asociación Costarricense de Filosofía, Vicedecano y Decano (1963 y ss.). A petición del claustro de profesores doctor honoris causa (1973) y más tarde profesor emérito (1978), etc. Destacó en muchos campos y tuvo presencia en muchos foros de debate. Lo más destacable se centra en sus libros de filosofía y en sus artículos de opinión. Fue reconocido y admirado por alumnos y allegados como una excelente persona, como un brillante profesor y como un entrañable compañero.
A partir de 1975 empezó a padecer deficiencias coronarias. El deterioro físico y las complicaciones fueron en aumento. Teodoro Olarte moría en la madrugada del 18 de mayo de 1980, a la edad de setenta y tres años.
Teodoro Olarte pertenece al grupo de filósofos vascos que asumieron el exilio como forma de vida. Optó voluntariamente por América, transformando su país de acogida en tierra de asilo y en lugar de entregas. Quiso pagar con su trabajo lo que este país tan generosamente le habían ofrecido: vida y oportunidades.
El País Vasco fue su país de origen y Costa Rica su tierra de adopción y de vida. Teodoro Olarte amó profundamente sus dos tierras o sus dos patrias, porque las dos habían conformado partes substanciales de su ser y de su existencia. Entre las dos orillas del Atlántico discurrió su vida y desarrolló su actividad profesoral. Entre estas dos tierras descansa también su espíritu.
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