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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2009

Economía

ECONOMÍA
'¿Qué hace una mujer en la fundición?'
20.04.08 -

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'¿Qué hace una mujer en la fundición?'
Aingeru Aizpurua, vestida de negro y con casco blanco, sonríe en el taller de la fundición que preside y dirige. [USOZ]
Aingeru Aizpurua es fiel reflejo del espíritu emprendedor en uno de los sectores más duros del panorama empresarial vasco: el del metal. Presidenta y directora de TS Fundiciones S.A., dedicada a la fundición de hierro con grafito laminar o esferoidal y cuya producción actual se centra en un 85% en el sector eólico, esta zumaiarra de 42 años es una de las pocas emprendedoras guipuzcoanas dentro de una actividad tradicionalmente liderada por hombres.
En mitad de un impresionante taller donde piezas de hasta 200 toneladas se engarzan en un mastodóntico proceso camina Aingeru mostrando la planta de Zumaia. Mujer de 'negro' sobre fondo gris, explica que siempre viste colores oscuros en la Fundición, «porque aquí es fácil mancharse».
Admite que no es frecuente encontrar mujeres en una actividad tan masculinizada -aunque conoce a alguna otra fundidora, «también peleona»-, y cree que, en Gipuzkoa, la percepción del emprendizaje femenino en el sector industrial es más avanzado con respecto a otros países como, por ejemplo, Alemania. Además vaticina que «la posición de las mujeres en este área va a cambiar».
¿Y cuál es el secreto de una buena gerencia en este negocio tan árido? Aizpurua lo tiene claro: Los equipos humanos. «Las mujeres trabajamos mucho en el equipo y en el consenso. Y eso yo creo que es una actitud positiva y muy importante a la hora de gestionar una empresa: rodearse de buenos profesionales que te ayuden a conseguir los objetivos que te planteas», expone. «Al final, lo importante es que todos tengamos una visión de a dónde queremos dirigirnos y encaminar todos los esfuerzos hacia allí», concreta.
TS Fundiciones es un ejemplo del emprendizaje basado en la capacidad de diversificación. Ha modificado su estrategia inicial hacia el sector eólico y en tan solo cinco años se ha convertido en un referente en este área -erigiéndose en líder en componentes de fundición para aerogeneradores- hasta el punto de que empresas de Japón y EE UU la visitan y, más aún, solicitan que les enseñe a fundir metal. No en vano se trata de la fundición más moderna de componentes para el sector eólico de Europa, además de ser la primera de Euskadi que obtuvo la AAI (Autorización Ambiental Integrada) del Gobierno Vasco, que implica un respeto absoluto con el Medio Ambiente.
Un duro comienzo
Pero a pesar del éxito actual, el trayecto no ha sido siempre sencillo. Tras dos años dedicada a la abogacía Aingeru se encontró ante la tesitura de montar un despacho por su cuenta o trabajar en la empresa familiar. La segunda opción fue la que ganó peso. «El salto fue extraño. Cuando entré en la fundición no me hacía nadie ni caso, además yo no hablaba muy alto. Hasta que empecé a decir unos cuantos tacos», confiesa.
Seis meses después de su estreno en la fundición la gran crisis industrial de 1990 sacudía los cimientos de muchas empresas. Fue entonces cuando se enfrentó a uno de los grandes retos, sacar la empresa adelante. «Ante la crisis yo creo que puedes hacer dos cosas: salir corriendo o quedarte en medio de ella», sintetiza. Y se quedó. El hambre agudiza el ingenio y, en este caso, la innovación, y la solución para salir del bache pasó por un cambio de modelo de gestión de la empresa -más orientada al cliente y a la mejora continua- y por la diversificación hacia nuevos mercados y productos emergentes. Fue de esta manera como tanteó el sector eólico, entonces apenas presente en el mercado, y buscó la internacionalización para acercarse a nuevos clientes, Además se realizó un replanteamiento de la organización interna creándose un Consejo de Administración profesional, con consejeros accionistas y consejeros independientes.
Aizpurua también evoca otros momentos muy duros de negociaciones colectivas, de huelgas... «Aún recuerdo el momento de tener que decir 'no podemos pagar la nómina'», explica.
Una apuesta arriesgada
Sin embargo las crisis no dejaron de ponerla a prueba, y en 2004 le tocó el turno a la máquina- herramienta, lo que la obligó a aumentar la cuota de mercado en el sector eólico. «La cosa no estaba nada clara», admite, «ya que tampoco había una experiencia consolidada en este área. Es un negocio nuevo y se ha tenido que trabajar mucho». Pero la apuesta fue acertada y supuso el nacimiento de una nueva planta de 14.000 m2 en Zestoa, que contó con una inversión de 36 millones de euros, de los que nueve se destinaron a minimizar los riesgos laborales y reducir el impacto medio ambiental. Actualmente, y entre las dos plantas de Zumaia y Zestoa, da trabajo a 340 personas.
Esta fundidora guipuzcoana, que recientemente ha sido nombrada vicepresidenta tercera de Adegi, destaca que a la hora de emprender una actividad es necesario creer en uno mismo para que «los de al lado también lo hagan». «Es importante porque inicialmente en el mundo industrial tus compañeros te miran con un cierto recelo. «'¿Y ésta? ¿qué hace aquí una mujer?', se preguntan, sobre todo en el extranjero. Y en definitiva, al final, yo creo que es el trabajo, el luchar, el pelear, que es lo que te da un crédito delante de los demás», concreta.
Aizpurua está casada y tiene dos hijos, Iñigo, de doce años, y Ander, de diez. «Y tienes que conciliar vida laboral y familiar, claro. Pero hoy en día generalmente trabajan los dos miembros de la pareja y unos hacen unas cosas y otros otras, hay que repartir el día a día. Yo creo que en todos los trabajos tienes que organizarte de alguna manera, seas emprendedor o no», manifiesta. Además asegura que «hay que quitarse el chip» de que el sector industrial es más un sector de hombres que de mujeres, porque la realidad «es que tenemos tantos conocimientos y estamos tan preparadas como ellos. Lo importante es mezclarlo todo. De la diversidad sale todo lo demás», concluye.
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