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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 julio 2008

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El último cartucho, en Logroño

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¿Un ejemplo? Valga el del pasado fin de semana. En un recorrido por la calle Laurel, entre las 21.30 y las 22.15, este periódico se encontró con una decena de grupos celebrando despedidas, que pueden llegar a la veintena. Desde Bera llegó un grupo de doce chicas a celebrar la despedida de Nagore, una veinteañera que iba disfrazada con un traje de neopreno y que se casará el 31 de mayo. Según explicó la novia, eligieron Logroño como destino porque habían escuchado que había «muy buena marcha y mogollón de despedidas».
Pero la llegada a la capital riojana no fue fácil para la futura esposa. Sus amigas la pasaron a buscar a las siete de la mañana y en Pamplona la encerraron en un baño con el billete de autobús. «Me tuve que venir sola hasta aquí», decía la joven. Todas iban a hacer noche en un hostal logroñés.
Trece eran las personas de Bilbao, Madrid y la localidad burgalesa de Quintana Martín Galíndez que celebraban la despedida de Bea, que iba coquetamente disfrazada de médico y que se cruzó en el camino con Rodrigo, otro novio que celebraba su despedida junto a sus once amigos de la cuadrilla de San Adrián, Navarra, vestido con un monísimo tutú de color rosa. «Han elegido Logroño como destino porque aquí hay buen vino, buenas tapas y muy buen rollo», señalaba Bea, quien contraerá enlace el 17 de mayo.
Desde Beasain
A pocos metros de allí, frente al bar Ángel, compartían un champiñón otros dos novios, ataviados en sendos trajes de cavernícolas. Mar, oriunda de Barcelona, y el zaragozano Diego, bailaban con Nati, una muñeca hinchable que ya había sufrido los primeros avatares de la noche. «Aquí se come muy bien y se bebe mejor», señalaba el aragonés, que será marido a partir del 3 de mayo. Ambos novios disfrutaron de una jornada de karts y una capea en Villamediana.
Pero los más ruidosos de la noche fueron un grupo llegado de Beasain, quienes no tuvieron mejor idea que celebrar la despedida de soltero de Xabi, que vestía un bañador femenino color rojo furia, colocando su propia barra en medio de la calle Laurel, frente al Pali. De esta manera, quisieron celebrar el adiós de la soltería de su amigo, regalando a los viandantes chupitos de Pacharán. «Hemos traído la barra en una furgoneta», señalaba uno de los colegas del novio, quienes se quedaron a dormir unas pocas horas en un hostal. Como actividades complementarias, optaron por unas vueltas en los karts y una visita a las bodegas Olarra. Minutos después, un peculiar encierro de sanfermines irrumpió por la Laurel: era un numeroso grupo de mozos navarros persiguiendo, periódicos en mano, a un toro, supuestamente el novio. La noche no había hecho más que empezar.
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