Lo ideó hace dos años un ingeniero galés. Al parecer para ahuyentar a los adolescentes que hostigaban a su hija. Es un emisor de sonidos de baja frecuencia, inaudibles para las personas mayores, pero que proyecta un sonido potente y desagradable e irrita profundamente los oídos de las adolescentes que estén a menos de 20 metros de distancia. Ahora, en forma de una caja pequeña, se está utilizando para que los adolescentes que hacen ruido, o cosas peores, las noches de los fines de semana, se vayan. Se denomina mosquito aunque también se llama beethoven pues, con ese nombre, se vende mejor.
En Europa ya se han instalado en miles de lugares. Que yo haya leído en Gran Bretaña, en Bélgica, en Holanda, Suiza y en Francia. Solamente en Gran Bretaña hay ya más de 3.500. Lo usan los comerciantes, la policía, responsables de movilidad... A veces también los compran los particulares (cuesta 620 euros) y los colocan en las ventanas de sus casas. Incluso en Utrecht, en Holanda, el propio Ayuntamiento (de centro izquierda) los ha instalado, en una zona «difícil» de la ciudad donde la pequeña delincuencia había aumentado en los últimos años. El portavoz del alcalde señala que lo hacen en el marco de un plan global para una «ciudad segura». Con la implicación de los servicios sociales, directores de escuelas, policía y hasta de la Fundación Johann Cruyf.
La polémica es ya viva. El comisario británico de la infancia ha pedido que se prohíban esas cajas pues «diabolizan a los adolescentes, pueden penalizar inocentes y no respetan los derechos humanos». Pero la ministra de Interior del mismo país defiende los mosquitos pues su deber es «sostener a todos los que cumplen la ley en detrimento de las bandas de gamberros». Una asociación belga que milita contra los mosquitos, Triangle Rouge sostiene, claro está, que «en respuesta a la delincuencia, en especial de los jóvenes, sólo cabe una verdadera política de educación y de acompañamiento». ¡Ah , la educación! Cuando ya no se sabe qué hacer se apela a la educación.
Personalmente detesto la idea del mosquito pero, con la misma fuerza, llevo años contestando que, en nuestra sociedad, se privilegie el derecho de unas personas a divertirse ruidosamente las noches de los fines de semana en detrimento del derecho de otras al descanso nocturno. Todos sabemos que se consiente el jolgorio nocturno (cuando no se defiende con uñas y dientes) impidiendo el descanso, semana sí y semana también, a quienes tienen la desgracia de vivir en determinados sitios. Sin los medios para irse a vivir a otro lugar.
¿Qué solución?. Empezar la fiesta antes y terminarla antes. Y a quienes impidan el descanso e intimidad del hogar, multa y, si son reincidentes, trabajos a favor de la comunidad. No harían falta mosquitos.