Algunos padres que ayer al mediodía aguardaban la salida de sus hijos a las puerta de la ikastola Orixe no ocultaban la preocupación pero sobre todo la enorme tristeza que embarga estos días a la comunidad escolar. Las andereños, cariacontecidas, rehusaron hacer comentario alguno sobre el trágico desenlace de la enfermedad del niño B. I.
Pablo, cuyo hijo de cuatro años asiste a la gela contigua a la del fallecido, prefirió ayer no dejarle en la jangela y llevárselo a casa a comer. «Estamos preocupados, pero sobre todo desolados, todo el mundo está muy triste. Al principio se habló de que murió por una meningitis B, pero ha sido C, contra la que todos los niños estaban vacunados, pero quizás estaba bajo de defensas». Aitziber también acudió a recoger a su hija al mediodía. «Sentimos muchísima pena por lo que ha sucedido. Conocía al niño de verle salir de la ikastola».
¿Miedo? «No, no lo tenemos, creo que nos explicaron bien lo que había sucedido, que era un caso aislado», añade.
Lourdes, una madre brasileña que tiene a sus hijos gemelos de tres años, Iara e Iaco, en la ikastola Orixe se mostraba tranquila: «No tenemos miedo, pero hemos pasado un susto tremendo, por la muerte del niño. Somos vecinos y nos embarga la tristeza, pero tenemos que seguir adelante. No vamos a dejar de traer a los niños al colegio. Las personas que vinieron de Salud Pública nos dijeron que era un caso aislado y que no debíamos preocuparnos».