BARCELONA. La Junta de Administradores de la Asociación Nuclear de Ascó-Vandellós nombró al hasta hoy director de la central de Vandellós II, César Candás, nuevo director de Ascó como sustituto del destituido Rafael Gasca, que estaba al frente de la central nuclear de Tarragona cuando se registró, en noviembre, una fuga radioactiva que no se dio a conocer hasta cuatro meses después.
También cesó al hasta ahora jefe del Servicio de Protección Radiológica de la Central, Francesc González Tardiu, que será relevado por Genís Rubio, responsable del Equipo de Protección Radiológica que investiga y analiza el suceso. Fue Greenpeace quien alertó del incidente y denunció que la fuga era más grave de lo que las autoridades en principio reconocían.
En la última reunión de la junta de administradores también se acordó que el nuevo director de la central de Vandellós sea Manuel Campoy Gurrea. Todos estos relevos se producen tras la polémica generada por una fuga radiactiva que tuvo lugar el 26 de noviembre y que no se notificó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) hasta este lunes. El accidente se debió a un error en el vaciado de un bidón de residuos radioactivos piscina de refrigeración del reactor, lo que provocó que escaparan partículas y vapores nocivos a través de un extractor de aire.
En principio, los responsables de la planta catalogaron el escape por debajo de los límites establecidos y aseguraron que no había peligro. La fuga se clasificó como de nivel 1 en la escala internacional de sucesos nucleares, que llega hasta el nivel 7. Fue el CNS quien el lunes pasado lo elevó a accidente de nivel 2, convirtiéndolo en uno de los cuatro más graves de la historia nuclear de España.
Aunque el CNS descartó que haya un riesgo real para la población de la zona, medirá el nivel de radioactividad a todas las personas que pasaron por Ascó desde el 28 de noviembre pasado, unas 800. Hasta el momento no se ha detectado contaminación en ninguno de los individuos examinados.
El titular de la central nuclear de Ascó comunicó ayer al CSN que se han detectado nuevas partículas radiactivas dentro del emplazamiento, en los mismos lugares donde ya se habían localizado otras. El CSN subrayó que el contenido radiactivo se está evaluando todavía, e incidió en que el programa de vigilancia en la zona se va a mantener hasta que se descarte por completo la presencia de más partículas.
De momento, Greenpeace ha trasladado 50 preguntas al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) para conocer lo que «realmente» pasó. El grupo ecologista considera que Ascó I expuso a la población «a un riesgo radiológico innecesario al ocultar el escape» y cree que las destituciones de Gasca y Tardiu no son suficientes, ya que se les ha utilizado como «cabeza de turco». La presidenta del CSN, Carmen Martínez Ten, ha pedido comparecer en el Congreso para ofrecer toda la información disponible. El organismo de protección radiológica ha abierto un expediente sancionador y acusado a los responsables de la central, propiedad de Endesa, de falsear los datos transmitidos al Consejo y minimizar deliberadamente su gravedad.
Un tornillo en Trillo
En plena polémica, ayer se supo de otro incidente en la planta nuclear de Trillo (Guadalajara). Durante el proceso de reparación de la barra de control del reactor, que obligó a parar la central en marzo, se desprendió un tornillo. La pieza cayó al interior del reactor, el núcleo radiactivo de la instalación. Según denuncia Ecologistas en Acción, se busca el tornillo perdido por medio de un robot, pero algunos operarios podrían haber recibido ya grandes dosis de radiactividad durante los trabajos previos de reparación. COLPISA