El convento franciscano de San Antonio de Sasiola se encuentra junto a la carretera N-634 entre Deba y Mendaro, a unos cuatro kilómetros de la primera, a cuyo término municipal pertenece. Según Roque Aldabaldetrecu (en la obra Sasiola. Convento y Hospital, editado por el Ayuntamiento de Deba en 2003), fue fundado y construido de nueva planta a finales del siglo XV, y ocupado por los franciscanos hasta 1840, año en que lo abandonaron, lo que se atribuye a la desamortización. La iglesia es de una sola planta rectangular de 30x11 metros y 15 de altura. Desde 1764, dispone de un excelente retablo de madera de nogal diseñado por Tomás de Jauregui, con incorporaciones de Francisco de Ibero, y ejecutado por Domingo Laca y Domingo de Pellón.
Como consecuencia de su abandono, el edificio fue deteriorándose hasta que hace unos 35 años se llevó a cabo una importante obra de reparación de la cubierta, que se financió por aportaciones de los vecinos, entidades y el Ayuntamiento de Deba.
Actualmente, el convento presenta un estado ruinoso. La lluvia penetra en su interior, las voladuras mayores de la cercana cantera de Amenabar (la de Praileaitz) están consiguiendo que figuras del retablo acaben en el suelo y los ladrones ya se están llevando piezas valiosas de la iglesia.
El convento de San Antonio de Sasiola va a resistir de pie poco más, y el patrimonio cultural de su interior, aún menos. Está dejado de la mano de Dios y de los hombres.
A pesar de la indiferencia general, la Iglesia (párroco de Deba, obispado) y el poder civil (Ayuntamiento de Deba, Diputación Foral y Gobierno Vasco) deberían hacer algo. Y digo hacer, porque el silencio supone conformidad con el desastre que se avecina, y las declaraciones de instituciones tienen muy poca credibilidad.