san sebastian. DV. Un niño donostiarra de cuatro años falleció el pasado lunes después de sufrir una infección generalizada por el meningococo B, que invadió la sangre y tuvo efectos fulminantes en pocas horas. Osakidetza prescribió ayer un tratamiento antibiótico a los 29 escolares de su misma edad matriculados en la ikastola Orixe de la Parte Vieja.
La cronología del fatal desenlace comenzó el lunes por la mañana, cuando el niño fue llevado por su madre a la Policlínica de San Sebastián, donde su pediatra constató que el menor sufría fiebre y dolor en las piernas, por lo que decidió hacerle unos análisis de sangre antes de que regresaran a su domicilio.
En cuanto tuvo los resultados de la analítica, comprobó que estaban alterados, por lo que telefoneó inmediatamente al domicilio del menor para pedir a su madre que subiera inmediatamente al niño al hospital.
Cuando llegaron de nuevo al centro, el menor se encontraba en tal estado que fue cogido en brazos por el galeno y conducido directamente a una ambulancia que lo trasladó a Urgencias de Pediatría del Hospital Donostia, donde le ingresaron en una unidad de cuidados intensivos. Todos los esfuerzos por contener la infección masiva del organismo resultaron infructuosos, y el niño falleció al atardecer.
«Asistencia impecable»
Fuentes conocedoras de cómo se desarrolló la asistencia médica al menor no dudaron en calificar el tratamiento de «impecable», del mismo modo que resaltaron el carácter «fulminante» que en ocasiones tiene la infección por el meningococo B, que también suele ocasionar la no menos temida meningitis. Este tipo de bacteria, al contrario que las de los tipos A y C, no tiene vacuna que lo prevenga.
La ikastola pública Orixe de la Parte Vieja donostiarra, donde estaba matriculado el niño, reunió ayer al mediodía a casi un centenar de padres de alumnos para que fueran informados por representantes del servicio vasco de salud Osakidetza de las medidas profilácticas que se iban a aplicar. Al tratarse de un único fallecimiento no se considera la necesidad de aplicar el protocolo de un brote meningocócico -se define como tal cuando hay dos o más fallecimientos-, por lo que la prevención se acota a los compañeros del fallecido.
Orixe tiene dos gelas con quince niños de cuatro años y todos ellos comenzaron ayer a tomar un antibiótico que Osakidetza les prescribió en dos tomas diarias durante dos días. Este tratamiento es hoy por hoy el más eficaz que existe para combatir el riesgo de infección.
Uno de los padres asistentes a la reunión comentó que «también nos han advertido de que estemos alerta durante al menos ocho días y que al menor síntoma de fiebre alta en los niños subamos a urgencias».
Los representantes de Osakidetza informaron a los padres de alumnos de que la causa más probable del fallecimiento se debió a una infección bacteriana del meningococo B, contra la que no existe vacuna y que en algunos casos suele tener consecuencias fatales. Esa bacteria se transmite de persona a persona a través de las gotitas o secreciones respiratorias.
Neutralizado por la saliva
«No se han acabado los análisis, -explicó el representante médico- pero por la rapidez con que se produjo la muerte, parece ser una infección por meningococos del tipo B, para las cuales no hay vacuna. Esta infección por meningococos se transmite de saliva a saliva. Esos meningococos están entre nosotros, las posibilidades de enfermar son muy remotas, pero existen. Esas enfermedades graves siguen existiendo, pese a que tendemos a pensar que no».
La paradoja de ese meningococo que puede ser letal radica en que lo tiene la mayoría de las personas en la nasofaringe, sin que tenga ninguna repercusión patológica, porque la saliva inhibe su crecimiento. Cuando no ocurre así, la infección bacteriana se expande.
Los representantes de Osakidetza respondieron a todas las interrogantes de los padres, que no ocultaron su inquietud por el riesgo de propagación de la bacteria y por la forma en la que reconocer que los niños pueden caer enfermos: ¿Qué síntomas tiene la meningitis B? «Hay que estar muy atentos a la fiebre. Tiene que ser una fiebre alta, con malestar, diferente de la fiebre leve que no impide que el niño esté jugando o viendo el televisor». ¿Qué hay que hacer, existe algún teléfono de contacto cuando se detecta algo? «Hay que hacer lo que hacemos cuando vemos que un hijo pequeño está realmente enfermo: acudir rápidamente al pediatra o a urgencias del hospital». «Mi hijo no está en el aula del chico fallecido, pero jugaban juntos en la Plaza de la Constitución: 'El contagio es muy difícil, tiene que ser de saliva a saliva'», respondieron los médicos.