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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 16 septiembre 2014

Cultura

ARQUITECTURA
Pensamientos y dibujos de Fisac
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SAN SEBASTIÁN. DV. Miguel Fiscac (Daimiel, Ciudad Real, 1913-2006) es uno de los artistas más representativos de la historia contemporánea española y del movimiento moderno. Vinculado a una generación en la que se encontraban nombres como Francisco Javier Sáenz de Oiza o José Antonio Cordech, Fisac no sólo fue uno de los primeros arquitectos que abogaban por un entendimiento entre urbanismo y ecologismo, sino que también fue un dibujante con un estilo muy personal. La historiadora de arte Paloma Roda Lamfus ha catalogado esos dibujos, más de 400, que aparecen en el libro de arte Miguel Fisac. Apuntes y viajes.
La donostiarra Paloma de Roda Lamfus explica que su trabajo ha consistido en «mantener largas conversaciones con él, no sólo sobre arquitectura, sino sobre el arte y sobre la vida. Además he catalogado toda su obra como artista, sus dibujos en papel. Es una visión diferente, más humana. Sobre Fisac hay muchos libros porque además de arquitecto era inventor, -tenía trece patentes-, pintor y dibujante, pero desde el punto de vista humano y artístico no había ningún libro. Mi papel ha sido transcribir su pensamiento».
De esas conversaciones se desprende que tenía una relación casi familiar con Gregorio Marañón, trató con Eduardo Chillida, mantuvo una gran amistad con el compositor Cristóbal Halfter. «Vivió de forma muy intensa, pero era una persona muy sencilla, muy humana y espiritual. También era muy técnico porque sus inventos iban desde un ladrillo especial, al hormigón flexible o a la arquitectura invertida». Colaboró con Oteiza en un convento que hicieron en Arca Reales en Valladolid y su iglesia de La Coronación de Vitoria, «es el prototipo de la arquitectura religiosa de los años 60, moderna, de muro cerrado que va facilitando el reconocimiento».
En Miguel Fisac. Apuntes y viajes aparecen opiniones sobre arquitectos de su tiempo como Le Corbusier, una persona que no le interesó y al que consideraba un pintor cubista de segunda fila, con una genialidad extraordinaria para mover cuestiones públicamente.
A modo de resumen, Paloma de Roda Lamfus explica que «la conclusión es que a Fisac le interesa la arquitectura popular, la oriental o el sueco Asplund. Tiene dibujos de trabajos que realizaron todos los arquitectos y en el libro, junto a ellos, aparecen la opiniones que tenía sobre sus obras». Así, por ejemplo, junto a Lake Shore Drive de Mies van der Rohe (1950), aparece: «Algo que aprendí del Movimiento Moderno fue que, como en todos los movimientos clásicos, habían prescindido de tener en cuenta, en absoluto, el lugar en el que estaban ubicados los edificios. (...) Es decir, que una de las cosas que vi enseguida como aspecto principal del Movimiento Moderno era el desprecio por lo que había alrededor».
Buscaba siempre dar un sentido humano a su arquitectura, que fuera rigurosa, con una apariencia estética que funcione en el espacio que va a ocupar. «El tomaba un pensamiento de Lao Tse y decía que la arquitectura era un trozo de aire humanizado».
Integridad
La autora del libro también destaca que Fisac fue un hombre que llevó su integridad a límites que muy pocos lo hubieran hecho. «Le quisieron nombrar académico de Bellas Artes en la Academia de San Fernando de Madrid. Se negó porque consideraba que miembros de esa institución no sólo habían permitido hacer verdaderos desastres en urbanismo sino que ellos mismos habían construido edificios que no encajaban con el entorno. Era muy moderno en su obra, pero muy respetuoso. No entendía el diseño por el diseño».
Fisac solía explicar que su vida había corrido paralela a las vanguardias ya que en el año de su nacimiento, 1913, el compositor Igor Stravinsky estrenó La consagración de la primavera, y Kandinsky había iniciado ya su camino hacia el arte abstracto. Durante 20 años fue miembro del Opus Dei y cuando lo abandonó entró en un periodo en el que fue marginado y no recibía encargos.
Los dibujos del arquitecto son, según explica Roda Lamfus, un reflejo de su personalidad, con unas líneas muy rotundas, además era ordenado, riguroso y disciplinado. Fue siempre muy coherente con sus ideas. La portada del libro representa La Pagoda, un edificio suyo en la salida de Madrid a Zaragoza, que fue derribado en 1999. Antes de que desapareciera lo dibujó. «El Ayuntamiento, como se había creado una polémica, le ofreció que lo construyera en otro lugar, algo que iba a en contra de sus ideas. Se negó y propuso que el dinero fuera para una ONG».
Roda Lamfus tiene dos libros prácticamente acabados, uno de monedas y otro sobre jardines de Gipuzkoa, que están a la espera de encontrar un apoyo financiero.
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