- Lleva media vida bajo los focos pero le da reparo hablar de su «búsqueda interior». ¿Por qué?
- Porque son cuestiones muy personales y vivimos en un mundo absolutamente material. Pero a la vez, cuanto más tenemos, más vacío existencial sentimos: por eso hay ahora un auge de este tipo de reflexiones... que siempre han estado presentes en mi vida pública.
- ¿Jubilado de todo o de casi todo?
- En lo laboral me prejubilé hace un año. En lo político sigo siendo miembro de la Asamblea Nacional del PNV aunque a veces pienso que sería mejor estar desvinculado del todo para tener más distancia. Pero quienes sentimos la cosa pública nunca dejamos la política.
- ¿Siente amargura por la forma en que dejó la política activa, fruto de las distensiones de su partido?
- No fue una manera agradable, pero a día de hoy puedo decir que quien quiso hacerme una faena me hizo un favor: llevo un año entregado a la lectura y feliz. Casi con las mismas preocupaciones que sentía desde chaval...
- ¿Qué inquietudes?
- Estudié en los jesuitas en un régimen religioso muy cerrado. Cuando fuí a Mondragón a estudiar maestría industrial se abrió mi mente y a la vez entré en crisis.
- Y tuvo su revelación.
- Fue un domingo de mayo. Yo tenía 18 años. Pasamos el día en el monte Xoxote, con calor y luego tormenta. Bajé a casa, me metí en la cama y encontré, como en un chispazo, el sentido de mi vida: servir a mi pueblo. Al poco tiempo entré en política a través de EGI.
- ¿Ha tenido más 'revelaciones'?
- A los 39 años, tras pasar por el departamento de Interior del Gobierno Vasco, sufrí otra crisis personal. Y encontré otra vez sentido a mi vida.
- ¿Cuál, esta vez?
- Eso lo dejo para mí.
- ¿Dónde empieza su interés por la filosofía oriental?
- A través de la ciencia y el estudio de la física cuántica. Los físicos y las teorías orientales coinciden en que todos somos uno y ese uno está en todos. Cuanto mejor sea yo, mejor será la sociedad. Cuanto mejor sea la sociedad, mejor seré yo. Lo dijo Erich Fromm: si interiorizamos que «yo soy tú» y «tú eres yo» el mundo empezará a arreglarse. El mundo oriental tiene una metodología para eso: la meditación. Desde hace trece años dedico cada mañana media hora a la meditación, ese momento que uno intenta trascender de los sentidos y hasta de la propia mente.
- Le interesa el budismo pero sigue siendo cristiano.
- Jesús es el mejor guía espiritual de la historia. Su desapego, su amor por lo demás, es una brújula. Pero ojo: seguir a Jesús no es seguir a Rouco Varela. Todas las religiones, en el fondo, buscan lo mejor de nosotros. Sí me gusta, por ejemplo, cómo el Dalai Lama insiste en la idea de la misericordia y la compasión por los demás. Para llegar a sentir compasión uno se tiene que transformar y despegarse del mundo que nos ata tanto. ¡Me gustaría controlar el lobo que todos llevamos dentro!
- Curioso que lo diga un político. ¿Es la política un mundo de lobos?
- Cuando yo estaba en primera fila de la política trataba de mantener estas ideas en mi trabajo. Una persona me dijo una vez: «Te he votado simplemente porque he oído que hablabas de Krisnamurti».
- Siendo diputado general recibió en Donostia al Dalai Lama...
- ¡Aunque hubiera tenido la posibilidad de recibir al entonces presidente Clinton, yo prefería al Dalai Lama! Es un auténtico líder espiritual que incluso perdona al gobierno chino pese a lo que está haciendo al pueblo tibetano. Yo invito a leer su libro El arte de la felicidad: es sencillo y profundo.
- ¿Promovería usted el boicot a los Juegos Olímpicos de Pekín?
- Ni siquiera el Dalai Lama lo preconiza. Pero mi energía ha estado estos días en París, Londres o San Francisco junto a aquellos que protestaban ferente a la antorcha y pedían respeto a los derechos del pueblo tibetano. La desgracia del Tibet es tener enfrente un gigante como China.
- Vengamos a nuestra guerra: los socialistas le agradecieron su presencia constante en la capilla ardiente de Isaías Carrasco.
- Ese asesinato me conmovió profundamente, como a todos, y pensé que mi obligación era estar en Arrasate al lado de los que sufrían. Pasé dos días en la capilla ardiente. Mi país me sigue preocupando.