Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 28 de julio de 1951) seguirá al frente de Interior por la insistencia de Zapatero. Nombrado en abril de 2006, sólo días después de que ETA declarara el alto el fuego, había sido designado para gestionar en primera persona el fallido proceso de paz. Y ahora no veía motivos para seguir en el cargo. «Ya tengo muchos años, muchas campañas electorales, muchos trienios», se lamentaba hace sólo unos días.
Después de un año muy duro en lo personal, había manifestado al presidente su cansancio y su intención de abandonar la primera línea. Horas antes de que se anunciara su nombramiento todavía intentaba persuadir al jefe del Gobierno de que le dejara marchar. Pero Zapatero quería mantener un perfil alto en un ministerio en el que la lucha contra ETA volverá a ser la prioridad entre las prioridades.
Al final, el presidente doblegó la voluntad del veterano político, y ayer recompensó el gesto con un alud de elogios: «Podría ser ministro de cualquier área porque tiene una capacidad política, una experiencia y unas cualidades muy notables, se entrega a todas las tareas en cuerpo y alma, es un gran ministro del Interior».
Dirigir Interior nunca es fácil, pero esta legislatura el departamento parece engrasado. No hay, a diferencia de 2004, grandes tareas que abordar. Ya se ha frenado la sangría en las plantillas de la Policía y la Guardia Civil provocada por las jubilaciones con una oferta pública de 40.000 nuevos funcionarios.