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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 septiembre 2008

Beti Erreala!

betierreala!
El fútbol no es un entretenimiento
La Real logró un buen punto en un flojo partido en Vigo que le mantiene en la pelea pero confirma los problemas de juego que atenazan a los blanquiazules
13.04.08 - 13:54 -

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El fútbol no es un entretenimiento
VIGO. DV. Fue un partido de esos que separa el grano de la paja. En la grada, claro. Un reencuentro con el fútbol invernal de toda la vida, correoso, áspero, duro de asimilar, una tarde reservada para aficionados de pura cepa, con estómagos resistentes a todo tipo de ataques indiscriminados por parte de su equipo. Esos seguidores que saben que el fútbol no es un entretenimiento, que es algo más, dispuestos a volver al campo la próxima semana y cuando haga falta. Así fue el partido de ayer en Balaídos.
El punto es bueno porque es útil para la carrera por el ascenso. Lo único prohibido en el día de ayer era perder y los de Lillo no perdieron. Cuatro puntos en los dos últimos partidos, media más que suficiente para subir, y próxima jornada en casa. Los datos son los datos.
En lo tocante al fútbol, Real y Celta no defraudaron a las expectativas. Han protagonizado partidos horrorosos habitualmente y ayer mantuvieron la tradición poniendo a prueba la resistencia de los espectadores. Aguantaron bastante bien, dicho sea de paso. Claro que a Balaídos ya sólo acuden los incondicionales. Concretamente ayer, 8.059. Los de la Champions vieron el partido en casa, que para eso era televisado, aunque existe la sospecha de que más de uno apagó la tele. A la hora de la verdad, la Real mete veinte mil en Anoeta y ésa es una diferencia sustancial. Cuando se compara la entidad de unos clubes y otros, ése es uno de los factores que se tienen en cuenta.
Dicho lo cual, puede comentarse algo del juego, lo menos interesante de cuanto sucedió en Balaídos. La Real estrenó sistema y repitió viejas sensaciones. Los problemas siguen ahí. Se jugó sin la tensión que se espera de un equipo que como la Real se juega el ascenso. No se detectó necesidad. Un espectador desinformado no habría podido captar la trascendencia del choque, que tuvo fases altamente rutinarias, sobre todo en el segundo tiempo, cuando al Celta le interesaba lo justo cambiar la tendencia del partido y la Real no fue capaz de hacerlo.
El cambio de colocar a Garitano por delante de la defensa, escoltado por Martí y Aranburu sólo dio réditos en defensa y en el juego abierto, porque la Real encajó un gol a balón parado. Esa coraza que Lillo situó en la parcela ancha permitió a Garitano jugar de algo similar a lo que antaño se conocía como líbero, palabra bonita pero ya en desuso. Estuvo cómodo, arropado, libre para solucionar problemas y puede que parte del punto logrado radicase en la decisión de Lillo de no cambiar de idea y mantenerles a los tres juntos hasta el final. Eso hizo que el equipo no se rompiera y sólo sufriera lo justo para sujetar el empate.
Dadas las circunstancias, fue una decisión acertada, pero en el futuro este esquema debería proporcionar más juego. Garitano fue un buen líbero en defensa pero careció de la influencia ofensiva que puede ejercerse desde esa posición. Por ahí le faltó fútbol a la Real, que tuvo dificultades para iniciar las jugadas, que son las dificultades de Garitano en esa faceta. Pero una vez comprobado que ganar iba a ser difícil, Lillo decidió que no perder era imprescindible, no se aventuró y dejó el corazón del equipo como estaba.
Ese sistema descolocó algo a Martí, que aunque se ofreció y lo intentó siempre, jugó fuera de sitio, algo adelantado, sin referencias claras y sin posibilidad de iniciar el juego, faceta en la que había liderado al equipo otras tardes.
La Real se quedó atascada en la salida de balón, que no encontró vías por el centro con Martí yAranburu ni forma de enlazar con Prieto yMérida, algo perdidos en zona de nadie. Sólo una brillante acción de Castillo, magnífico en los dos últimos partidos, solucionó el problema.
La jugada del gol de la Real estuvo en consonancia con el partido: fue una acción impregnada de clasicismo, bella. Conducción de un central hasta el centro del campo, hasta que recibe la presión de un contrario, apertura limpia a banda, por donde progresa el lateral, que recorta hacia dentro cuando recibe la entrada de su par, se perfila y coloca un centro tocado al primer palo.
Un delantero siempre busca ese desmarque, el que le da la ventaja. Castillo no tuvo que mirar, puso el balón en el sitio y el punta tenía que estar ahí por obligación. Díaz de Cerio, un delantero algo heterodoxo, comprendió la belleza clásica de la jugada y actuó como lo haría un nueve de toda la vida: desmarque al primer palo, cabezazo y gol aprovechando las ventajas de esa acción, que todo el público, compuesto íntegramente por aficionados de verdad, apreció en su justa medida.
El segundo tiempo se jugó a modo de inventario. El partido sólo volvió a enviar noticias en el descuento, cuando la Real bien pudo marcar dos goles a la contra, pero demostró la misma claridad de ideas que hasta entonces, más bien poca. Al final, un punto. Bueno en un partido sólo apto para aficionados resistentes, los que saben que el fútbol es algo distinto a un espectáculo entretenido.
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