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RSS | ed. impresa | Regístrate | 22 agosto 2008

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arrasate
Arrasate, referente en educación
Las histórica demostración del maestro Arano y sus alumnos en 1918 en el Ateneo donostiarra encumbraron a Arrasate el ámbito educativo Arano y sus discípulos dejaron boquiabierto y admirado al público

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Arrasate, referente en educación
En la primera, de izquierda a derecha: Luís Acha, Ramón Gordobil, Eulalio Leibar, José Martínez de Ubago, y Dámaso Azcoaga. En la segunda fila, el que está a la derecha de Arano es Marcelo Vitoria y a su izquierda el primero es Lasagabaster y el del medio es David Zaitegi.
ARRASATE. DV. El mes de abril de hace 90 años fue muy sonado en Mondragón. La industriosa villa cerrajera, por primera vez en su historia, se posicionaba a la cabeza de la provincia en materia de educación. La herencia de Pedro de Viteri (1833-1908), fundador de las escuelas que llevaban su nombre, y el buen hacer del maestro Arano daban su primer y más famoso fruto en las inolvidables demostraciones de cálculo mental que los alumnos de don Félix ofrecieron en el Ateneo Guipuzcoano de San Sebastián el 6 y el 8 de abril de 1918. Fue tal la admiración suscitada y el éxito cosechado, que a Arano le concedieron la Cruz de Alfonso XII, y, al regreso de la expedición académica, el 11 de abril, el pueblo en pleno, con el ayuntamiento al completo y la Banda Municipal también, les esperaba en Musakola para tributarles el recibimiento que se merecían.
Aquel histórico acontecimiento, que tuvo el mérito de elevar a Mondragón a la categoría de «referente en educación», ha sido minuciosamente reconstruido por el investigador Juan Ramón Garai Bengoa. Los «Recuerdos» legados por el desaparecido historiador local José Letona y las informaciones publicadas por la prensa de la época (La Voz de Guipúzcoa) han sido enriquecidas por Garai con los testimonios de los familiares de aquellos chavales que protagonizaron la memorable demostración llevada a cabo en el Ateneo Guipuzcoano. Garai ha entrevistado a Ana Mari Vitoria, Nerea Acha, Jesús Leibar y José Ignacio Zaitegi, hijos e hijas de varios de los protagonistas.
El prolijo relato de los hechos arranca el 5 de abril de 1918, un día nublado y húmedo en el que varios chavales -el mayor tenía 12 años- montan en la diligencia de Julián Oxiña acompañados de su maestro, don Félix Arano, y del ingeniero don Rafael Ariza, propietario de la finca de Etxezarreta en Musakola, para dirigirse a Maltzaga.
Mientras los dos mayores charlan sobre sus cosas, los jovencitos hacen la mayor parte del viaje casi mudos, pues la salida del pueblo constituye una aventura inédita. Sabían por sus estudios en la escuela que el tren era un medio de locomoción práctico y rápido para la época; que existía una explanada inmensa de agua, que se llamaba el mar; que había una capital que se llamaba Donostia, y pensar que iban a ver todo esto les maravillaba.
Invitación del Ateneo
La sobresaliente actividad docente de Arano era objeto de interés en los círculos pedagógicos de la provincia. Prueba de ello era la invitación cursada por el Ateneo Guipuzcoano de San Sebastián para exponer en este Centro Cultural su sistema de enseñanza general y su prodigioso método de cálculo mental. Este fue el origen de tan memorable excursión a la capital.
Los alumnos de don Félix, a su llegada a San Sebastián, fueron instalados en una casa particular, la casa de un mondragonés desplazado en la capital. Después de cenar esperaban, como de costumbre la hora de acostarse, -en casa entre 9 y 9.30 de la noche-, cuando hacen su aparición Arano y Ariza para hacer un ensayo; la conferencia era para el día siguiente a la tarde. Este ensayo fue un fracaso completo, el cansancio del viaje y sobre todo la hora hizo que los peques no dieran pie con bolo. «¡Vamos al fracaso! ¡Haremos el ridículo!», gritaba Arano cada vez más nervioso y con los chavales más dormidos. En un momento dado y al ver que uno de los jóvenes se había caído de la silla, furioso les dice: «mañana, a las seis de la mañana nuevo ensayo, y si sale mal, a casa» y salió dando un portazo.
A la mañana siguiente, efectivamente a las 6, estaba con ellos. Hacía rato que le esperaban, hasta habían tenido tiempo de hacer la guerra de almohadas en la habitación. Empezó un poco nervioso pero pronto se dio cuenta que las cosas estaban en su sitio y al final, terminó sonriente y hasta les pidió perdón por lo del día anterior.
Hacia las seis de la tarde llegaron al Ateneo Guipuzcoano. Esta media hora de adelanto les sirvió para coger confianza con todos aquellos señores barbudos, autoridades y demás, que dentro de poco estarían con ellos en la tribuna o pequeño escenario.
HIjos de cerrajeros
Comenzó Arano los dos actos presentando a sus alumnos: «De los ocho muchachos que aquí presento, seis pertenecen a familias de obreros cerrajeros. Dos de ellos, los más jóvenes, se encuentran en mi escuela desde hace pocos meses, y pueden advertirse los adelantos que han realizado». Entre los alumnos están los mondragoneses: Marcelo Vitoria Zabarte, Luís Acha Ugalde, Eulalio Leibar Uribarri, José Martínez de Ubago Milicua, Dámaso Azkoaga Azurmendi, David Zaitegi Zeziaga y Ramón Gordobil, y un donostiarra Lasagabaster que estudiaba en Arrasate.
En la conferencia del primer día a la que asistieron el gobernador civil, alcalde, comandante de marina y los niños de las escuelas donostiarras. Arano comienza leyendo unas cuartillas, en las que habla de los importantes trabajos que realizaron los señores Orbea, Machimbarrena, y Bazcáiztegui para realizar las aspiraciones del finado filántropo don Pedro Viteri, creando las escuelas que regenta el conferenciante. Como los niños entran en clase a los ocho años para pasar enseguida a las fábricas y talleres, la enseñanza tiene que ser puramente práctica. A renglón seguido, pasa a demostrar las ventajas de la gimnasia intelectual para los cálculos aritméticos. Comienza haciendo sumar a sus discípulos diversas cantidades sin apuntar un solo número en la pizarra; pasa luego a los ejercicios de resta con grandes cantidades y quebrados, problemas que son resueltos por los alumnos con facilidad asombrosa.
Los niños contestan sin vacilar a las preguntas de su maestro, solucionando problemas como el de averiguar cuántas veces contiene un número a su múltiplo y el de cambiar cantidades de duros y reales en pesetas y céntimos.
Después de los ejercicios de multiplicación, pasamos a la división sin apuntar los dividendos parciales; la descomposición de un número en dos factores, dando el profesor un factor 100 y siendo averiguado el otro por el alumno, a las partes alícuotas de números con varias divisiones, a las operaciones con quebrados , etc.
Además de los cálculos aritméticos, el señor Arano preguntó a sus alumnos sobre doctrina cristiana, recitando también el Código de la Salud, en el que se habla de los perniciosos efectos del alcohol.
El conferenciante y sus diez discípulos, que acreditaron poseer una inteligencia excepcional y una prodigiosa memoria, escucharon ruidosos aplausos durante el acto y al final del mismo.
En la segunda presentación, el lunes, ésta ya sin niños, el local estaba lleno. El gobernador civil, que ocupaba la presidencia, pronunció unas palabras para justificar la repetición de la interesante velada.
Diversas personas y autoridades verdaderamente emocionadas por el trabajo del señor Arano, habían suplicado a éste que accediera a dar otra sesión. Agregó que, aun cuando no tenía encargo especial para ello, felicitaba calurosamente al distinguido maestro y a sus discípulos, no sólo en nombre propio, sino también en nombre del gobierno, a quien representa.
Acentuando en el más alto grado su admiración por los resultados que el señor Arano obtiene con sus niños, afirmó que el nombre del notable educador será pronto conocido en toda España, porque habrá de comparecer el señor Arano en determinadas alturas, y porque es cosa de procurar que el señor Arano enseñe con sus métodos no a niños, sino a maestros. El señor Arano quiso agradecer aquel justo homenaje con unas palabras que no llegó a pronunciar porque se le anudaron en la garganta.
Arano acudió con 10 niños a esa segunda conferencia. A uno le hace escribir una suma de trece sumandos de cinco enteros y dos decimales cada uno. Hecho esto, otro de los niños suma en alta voz una columna, y no termina de sumar la última cifra, cuando ya otro niño coge la llevada que el primero dice y hace lo mismo con la segunda columna, y otro con la tercera, y así los demás, sucesivamente. Y todo ello con una rapidez tal, que casi se duda de que aquellos niños puedan tener tiempo siquiera para ver los números que van sumando.
Sumas, multiplicaciones y divisiones de varios números, sin escribir ninguno de estos en el tablero durante la operación, descomposición de un número dado en sus factores simples o primos, determinación del mínimo múltiplo común, quebrados, tantos por ciento
Así por ejemplo, el señor Arano daba a un niño el precio de compra, por ejemplo 19 y rogaba a los señores de la mesa que diesen el precio de venta, que se fijo en 21,5. El niño preguntado, sin vacilar obtiene mentalmente el tanto por ciento de ganancia con arreglo al precio de compra y con arreglo al precio de venta.
Luis Acha
Casi al final de la conferencia, el señor Arano rogó a uno de los que componen la Junta del Ateneo, que diera un número de varias cifras a uno de los más pequeños, uno que tiene el cráneo más alargado, --se refiere a Luís Acha-, para que pudiera dividirlo por otros dos. Paulino Caballero, director del Instituto de segunda enseñanza, dio el número, se apuntó éste en el encerado y Luís fue invitado a que lo leyera, el señor Arano lo puso de espaldas al tablero. Arano siguió con sus preguntas y transcurrido algún tiempo le hizo repetir a aquel niño la cantidad apuntada.
Vuelve poco después a preguntar por el número y el niño lo repitió exactamente, sin vacilación. Arano le ordenó entonces que lo dividiera mentalmente por otro número que dijo de dos cifras. Otro niño fue apuntando en el tablero los resultados según iba aquel diciéndolos.
Resolvieron casos de reducción de francos a pesetas y viceversa, hallando los tipos de cambio con una seguridad pasmosa, sin vacilaciones, produciendo en el público primero asombro y después entusiasmo.
Recitaron máximas antialcohólicas, resolvieron problemas geométricos, explicaron el significado de algunas oraciones del catecismo
Las ovaciones fueron incontables, la sesión se suspendió diez minutos para reanudarla con nuevos ejercicios.
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