MADRID. A la segunda fue la vencida y José Luis Rodríguez Zapatero fue reelegido presidente del Gobierno. Sólo obtuvo los votos de los diputados socialistas, pero fue suficiente pues sólo se requería la mayoría simple. El jefe del Ejecutivo tuvo además un segundo motivo para la satisfacción: sus apelaciones al diálogo no cayeron en un pedregal y todos los grupos mostraron su disposición a entenderse con el PSOE para alcanzar acuerdos. Con razón declaró al final de la votación que estaba «más contento» que hace cuatro años, cuando fue investido con mayoría absoluta.
Rodríguez Zapatero se convirtió ayer en el cuarto presidente del Gobierno en lograr la reelección, antes lo consiguieron Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, pero su logro arrastra la mácula formal de ser el que lo consiguió con menor respaldo parlamentario y el primero en lograr la investidura por mayoría simple. Desde la tribuna de invitados, su esposa, Sonsoles Espinosa, y su padre, Juan Rodríguez García-Lozano, ajenos a estas minucias, exteriorizaron su satisfacción. Respaldaron la investidura los 169 parlamentarios del PSOE, la rechazaron 158, de los que 154 eran del PP, tres de Esquerra Republicana y uno de Unión, Progreso y Democracia, y se abstuvieron los 23 diputados de CiU, PNV, IU, Iniciativa, BNG, Coalición Canaria y Nafarroa Bai.
El segundo debate de la investidura, mucho más breve que el primero, fue una síntesis de las larguísimas intervenciones del martes. Rodríguez Zapatero recordó que no cuenta con «mayoría suficiente» para gobernar en solitario y se mostró dispuesto a buscar «el acercamiento de posiciones y los acuerdos» con otros grupos sin distinciones. Para que no quedaran dudas, dijo que quiere pactar «con los que han preferido abstenerse», a los que agradeció su postura, e «incluso con quienes han votado en contra», a los que trasladó su «respeto» por la nula confianza mostrada.
Pactos de futuro
Tampoco descartó que a lo largo de la legislatura pueda alcanzarse acuerdos «de colaboración estable y predecible» con algún grupo, objetivo que hoy no figura en la agenda de Rodríguez Zapatero, que se inclina por entendimientos en función de las características de los proyectos legislativos. El presidente del Gobierno aguarda a que CiU y PNV resuelvan sus encrucijadas internas para decidirse si uno u otro se convierte en socio estable.
El líder socialista volvió, no obstante, a dar un trato preferente al PP porque habrá «cuestiones», las consideradas de Estado, que requerirán su «colaboración singular». Y enumeró: estrategia compartida contra ETA, la renovación de los órganos constitucionales, Presidencia de la UE en 2010 y reforma de la administración de justicia.
El guante fue recogido por todos los grupos, pero sobresalió el entusiasmo con que la acogió el PP. Mariano Rajoy explicó que no sólo está «dispuesto» a llegar a pactos con el Gobierno sino que «pedimos que se hagan». Situó los acuerdos preferentes en lucha antiterrorista «para derrotar a ETA», modelo de Estado, pacto de Toledo, política exterior, seguridad, Presidencia de la UE y en justicia. En estas áreas, subrayó el líder socialista, «el acuerdo es una necesidad nacional».
Puerta abierta
El portavoz de CiU, Josep Antoni Durán Lleida, indicó que su grupo no tenía motivos para moverse de la abstención, que será «crítica y vigilante», pero «compatible con la predisposición al diálogo». El representante del PNV, Josu Erkoreka, precisó que su abstención no significa que para el nacionalismo vasco sea «indiferente lo que haga el Gobierno», nada más lejos de la realidad porque su grupo quiere «influir en la agenda gubernamental». Será, resumió, una abstención «comprometida y constructiva con significado crítico y esperanzador».
El republicano Joan Ridao justificó con distintos argumentos el rechazo de su formación a la investidura, pero aclaró que este «de entrada, no, no cierra ninguna puerta» a ulteriores acuerdos. Los diputados de IU, Gaspar Llamazares, e Iniciativa per Catalunya, Joan Herrera, no ocultaron su decepción con Zapatero, pero tampoco dieron un portazo a posteriores entendimientos. Los representantes del grupo mixto, con la excepción de la de UPD, Rosa Díez, también mostraron su disponibilidad al acuerdo.
El resultado de la votación posterior fue recibido con una atronadora ovación del grupo socialista. Rajoy salió disparado de su escaño para estrechar la mano y felicitar al reelegido Rodríguez Zapatero, pero tuvo que esperar a que el presidente del Gobierno recibiera los parabienes de sus dos vicepresidentes, María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes. El jefe del Ejecutivo y el líder opositor intercambiaron unos breves comentarios amistosos, y se separaron para que Rodríguez Zapatero recibiera la felicitación de los portavoces de CiU, PNV y Esquerra, y detrás casi todos los inquilinos del hemiciclo.
Pocas horas después de la investidura, el presidente del Congreso, José Bono, se trasladó al palacio de La Zarzuela para que el Rey firmara el real decreto de nombramiento del presidente del Gobierno.
«Sin ataduras con el PNV»
También hizo su valoración de lo ocurrido ayer el diputado por el PSE en Gipuzkoa y secretario general de los socialistas en este territorio, Miguel Buen, que advirtió al grupo del PNV en el Congreso que no admite que «hable en nombres de todos los vascos». Además, destacó que la investidura de Zapatero como presidente del Gobierno en segunda vuelta supone «una ausencia de ataduras con los nacionalistas, en particular con el PNV».
En un comunicado, Buen afirmó que «se ha terminado los tiempos en los que el PNV se erige en representante único de los vascos» y aseguró que no va admitir que la formación jeltzale «pretenda hablar en las Cortes Generales en nombre de todos vascos».
El líder del PSE de Gipuzkoa destacó que el «único compromiso con el nacionalismo vasco es el reconocimiento de la realidad plural de la sociedad vasca, del sistema autonómico vasco y del pluralismo político, con lo que ello conlleva de respeto y atención a la minoría parlamentaria».
Por otro lado, Buen se mostró «particularmente orgulloso» del «reconocimiento explícito que el presidente del Gobierno hizo al PSE por los resultados en las elecciones y que supone «un homenaje al coraje cívico y al compromiso del PSE en la lucha contra el terrorismo y por la paz».