MADRID. Pasaban un par de minutos de la una y veinte cuando Mariano Rajoy cruzaba el hemiciclo del Congreso a toda velocidad para estrechar la mano del investido presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Se le adelantaron los dos vicepresidentes y, tras él, vinieron casi doscientos diputados más.
La diputada socialista que cerró la larguísima cola tuvo que esperar un cuarto de hora para, por fin, plantarle dos besos a Zapatero, quien para entonces alternaba ya el peso del cuerpo de una pierna a otra rodeado de fotógrafos en el centro del hemiciclo, junto a la mesa de los taquígrafos. Rajoy tenía prisa por cubrir el trámite, ya que, cuando Bono leía el resultado de esta investidura anunciada ya tenía un pie fuera del escaño, e, incluso, tuvo que interrumpir un primer amago de levantarse al descubrir que el presidente del Congreso todavía tenía algo más que decir.
Llegó delante del escaño de Zapatero cuando éste ya había besado cariñosamente a María Teresa Fernández de la Vega y tuvo que agarrarle el antebrazo para llamar su atención, porque el presidente investido se había girado para abrazar a Solbes.
Los dos vicepresidentes parecen fijos en la quiniela de los ministros para hoy pero, si las posibilidades de estar en el Gobierno han de medirse por los gestos del presidente, Rubalcaba se queda seguro. El ministro del Interior y Zapatero se dieron el abrazo más fuerte, las palmadas más fuertes y, además, los cachetes más fuertes.
Saludos de todo tipo
Y es que casi quince minutos cunden para hacer una tipología de los saludos y felicitaciones al jefe del Ejecutivo: ha habido apretones de manos, besos, golpecitos en el hombro, risas, breves comentarios, cachetes en la mejilla, amagos de abrazo, abrazos como Dios manda y, dentro de estos últimos, los ha habido formales y con sonoras palmadas en la espalda.
De los primeros en felicitar al presidente han sido los portavoces de CiU, Josep Antoni Duran Lleida; del PNV, Josu Erkoreka; y de ERC, Joan Ridao. Han sido saludos formales y discretos, por lo que se deduce que no serán ministros.
También ha sido rápido en bajar de la tribuna y acercarse a Zapatero, el presidente del Congreso, que ayer, para evitar «coñas» con la insaculación, explicó que la votación comenzaría por el diputado cuyo nombre fuera «sacado a suerte por el procedimiento habitual».
Terminada la votación y extinguida la cola, los fotógrafos no han tenido consideraciones con la pobre diputada socialista que cerraba el «besamanos», ya que en seguida le han pedido que se apartara para poder hacer la foto de Zapatero solo, con el hemiciclo vacío.