Natural de la localidad jienense de Cazalilla -situada entre Bailén y Andújar- va a cumplir 60 años el próximo 20 de noviembre. Fue precisamente en la segunda década de los 60 cuando llegó a Gipuzkoa, donde ha trabajado en las papeleras Zikuñaga y Gureola de Hernani y Tolosa, donde finalmente el Parkinson le ha jubilado el pasado mes de febrero. Con todo, Sebastián Vílchez Mateos, mantiene su optimismo, e invita a todos los castigados por esta enfermedad neurodegenerativa a no «bajar la guardia» y a mantener, dentro de lo posible, una actividad física y mental que les ayude a retrasar los efectos de un mal para el que se sigue buscando solución.
- ¿Qué tal está, Sebastián?
- Bien, bastante bien. Sigo viviendo en Andoain con mi mujer. Mi hijo también reside en la localidad, mientras que mi hija está en Sevilla. Vengo a Txara I todos los días de la semana y me implico e intento que otros enfermos se impliquen en todas las actividades. Juego mi partida de cartas todas las tardes en el Hogar Extremeño del pueblo, del que soy socio, y paseo por Andoain y por La Concha.
- ¿Cuándo se dio cuenta de que estaba enfermo de Parkinson?
- Más que yo fue la empresa la que intuyó lo que me pasaba. Yo ya tenía temblores en las manos y al manejar el ratón de los ordenadores que sirven para arrancar y parar las máquinas notaba ciertas dificultades. Así que pusieron un compañero para ayudarme. Finalmente fui a un neurólogo de Tolosa y de allí a la Residencia, donde me anunciaron que padecía Parkinson. He tenido suerte porque me han cogido a tiempo, sin que la enfermedad se haya desarrollado de un modo rápido.
- ¿Usted ya sabía que existía el Parkinson; tiene antecedentes familiares?
- Lo conocía porque aparecían en la televisión personas famosas que lo padecían, entre ellos el Papa Juan Pablo II, pero no tenía más datos. Luego me he enterado que en mi familia sí ha habido un caso de Alzheimer, pero no tiene nada que ver.
- Le veo animado.
- Es que no estoy mal del todo. La terapia me ayuda mucho. Los lunes logopedia, los miércoles tai-chi y shiatsu, los jueves el fisioterapeuta y los viernes la terapia de grupo y el masaje. Todo ésto, la familia, el trato con los amigos y las partidas de cartas me ayudan a mantener la agilidad mental. Yo tampoco me he cerrado nunca y siempre he dicho que sufro Parkinson, ya que muchas veces es el propio enfermo quien se aísla.
- ¿Tiene que tomar mucha medicación?
- Ocho pastillas diarias. Notas el efecto y cuando llega el final del día te das cuenta de que necesitas tomar la última, si quieres que tu cuerpo y tu cabeza funcionen bien.