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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2008

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BALANCE DEL TEMPORAL EN GIPUZKOA (Y II)
La estela de las olas gigantes

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SAN SEBASTIÁN. DV. Casi cuatro semanas. Es el tiempo que ha permanecido escondido Juantxo bajo las turbulentas aguas, sumergido a pocos metros de su 'casa' en el puerto donostiarra, al final del pantalán donde Eduardo Quevedo le dedicaba con el mayor de los esmeros las horas libres regaladas por la jubilación. La noche y la madrugada de autos, aquellos 11 y 12 de marzo que ya han quedado inscritos en la historia meteorológica del litoral guipuzcoano, Neptuno se llevó a Juantxo y a otras decenas de embarcaciones. Muchas se recuperaron. Pero el bote de Quevedo, vecino de Alza que compartió con los lectores de este periódico su desasosiego, no aparecía. Hace un mes le retratamos mostrando el hueco vacío dejado por su bote, a sus 56 años uno de las más antiguos del puerto donostiarra. Ayer le pudimos retratar junto a Juantxo.
En el fondo, Eduardo se esperaba lo peor. Una de las opciones era que el bote hubiese desaparecido definitivamente. Él no perdió la esperanza ni la rutina de la visita diaria al puerto. Hasta que el pasado sábado, «que hacía sol y la marea estaba baja», lo vislumbró en el fondo del mar. Avisó a los miembros de la Cruz Roja, que hicieron todo lo que pudieron para recuperarlo. Lo reflotaron el domingo. «Me avisaron de que ya lo habían recuperado y que lo habían dejado en la rampa del Aquarium». Qué ilusión. Había aparecido, pero, ¿cómo estaría?
Quevedo lo vio el lunes por la mañana. Desafortunadamente, sus presagios más pesimistas se confirmaron. «Está muy mal. Se ve que sufrió muchos golpes durante el temporal, y tanto tiempo en el agua... No me siento capacitado para arreglarlo», cuenta con tristeza. Ayer un perito fue a ver este bote de 5,7 metros de eslora y mucha historia, construido en San Juan por Feliciano Laboa, el padre el Mikel, el artista. «Me han comentado que quizás interese a la asociación de Pasaia que se dedica a estas cosas», dice en referencia a Albaola, que trabaja para preservar y difundir el patrimonio marítimo vasco. Mientras tanto, Quevedo ya ha empezado a mirar otras embarcaciones. «Pero ya son de poliester». Donde esté la madera que se pueda pintar...
Pendiente de plazos
Los cruentos embates del oleaje dejaron un reguero de este tipo de golpes sentimentales, y otros muchos de tipo laboral. El centro de talasoterapia La Perla fue el principal afectado, con pérdidas millonarias que aún están siendo evaluadas. Al mes del temporal, sólo la cafetería y el restaurante están abiertos. «Hemos limpiado lo que se puede, estamos haciendo el inventario y estudiando los plazos. Porque una bañera de hidromasaje, por ejemplo, se hace por encargo y puede tardar bastante tiempo», explica su gerente, Francis Tamayo. Las máquinas del gimnasio, las cabinas a la última del centro de estética, los sistemas de refrigeración y climatización... «Hay que estudiar los plazos de todos estos elementos, valorar los daños y en breve decidiremos los pasos a dar», cuenta Tamayo, quien califica de «excelentes» las relaciones con el Consorcio de Compensación de Seguros, «que nos está ayudando» con todo el papeleo.
Desde La Perla no se aventuran a dar una fecha estimada de apertura, aunque algunas voces cercanas hablan del último trimestre del año para que las instalaciones abran en su totalidad. Mientras tanto, continúan recibiendo decenas de solicitudes de clientes de fuera, «lo que da fe del gancho turístico de La Perla», y las comparaciones, siempre para bien, con otros centros similares. «Eso nos anima a seguir».
La vuelta a la normalidad va a ser mucho más rápida para José Luis Ceballos, responsable del bar-restaurante de la playa de Ondarreta. Varios gremios trabajaban ayer a destajo ultimando los remates y colocando la terraza. «Además, me acaban de decir que mañana me traen los muebles de inoxidable y las máquinas». Se trata de la barra y las cámaras frigoríficas, hechas a medida para aprovechar al máximo el espacio. «Se han portado muy bien, porque me lo han hecho todo bastante rápido». Así que José Luis confía en poder atender a sus clientes en unos ocho días. «Me da igual que haga mal o buen tiempo. Lo que quiero es abrir cuanto antes». Volver al trabajo, con casi cuarenta días de retraso por culpa del feroz embate del Cantábrico.
Pagar las nóminas
Ceballos asegura que, en este periodo de inactividad, ha pagado de su bolsillo las nóminas de sus cuatro empleados, que considera como de la familia. En verano suele contratar a más personal. «No sé si el Consorcio me lo aceptará, pero los trabajadores no tienen la culpa de lo que ha pasado». También ha abonado algunas facturas elevadas. «Espero que el Consorcio responda bien, como la vez anterior. Porque yo no me he inventado nada. Ahí están los daños. Además, no quiero que me den un euro más que el que me corresponda. Algunos proveedores te dicen que como lo paga el seguro pueden aumentar la factura, pero me niego». No quiere que por este tipo de picarescas al final acaben pagando justos por pecadores.
Otro de los negocios costeros afectados, la discoteca La Rotonda, ya ha vuelto a una aparente normalidad. De hecho, para el mismo fin de semana del temporal consiguieron reabrir sus puertas. Desde entonces miles de personas mueven el esqueleto en su pista de baile, pero la diversión nocturna esconde muchas huellas del temporal que relucen con la luz del día. En la oficina, por ejemplo, continúan secando papeles con una calefacción de aire. Los ventanales son provisionales. «Los definitivos llevan cristales de seguridad, con cámara de aire para aumentar la protección...». Y hacer esas cosas lleva su tiempo. La fachada precisa aún algunos retoques y todavía no ha llegado algún foco. También quedan por hacer trabajos de pladur. «Y pintar. A simple vista, de noche, quizás no se note tanto. Pero hay que volver a pintar».
En el restaurante Kazkazuri, sin embargo, la normalidad es casi absoluta. Situado en la calle Aldamar, en primera línea, la fuerza del agua derribó algunas de las grandes cristaleras de este local. Los estragos del oleaje les obligaron a cerrar durante cerca de una semana. Hoy día ya lucen cristales nuevos y hasta han repuesto la moqueta.
Más les está costando adecentar la cafetería La Perla de Zarautz. Si bien los mayores estragos fueron causados en San Sebastián, el temporal se dejó notar, en mayor o menor medida, en todo el litoral guipuzcoano. La Perla fue uno de los establecimientos más damnificados de Zarautz. Y van por la segunda, porque en cuatro meses han padecido en dos ocasiones la incontrolable furia del mar. El último embate se llevó por delante la protección en forma de tablones, el toldo, la persiana y arrasó con lo que había dentro. Desde entonces, Luis Mari Goya está volcado en las obras de rehabilitación. Sus estimaciones apuntan a mediados de mayo como una fecha estimada de apertura. Otros locales zarauztarras también sufrieron daños.
Por consolarse, los hosteleros afectados se consuelan recordando los aguaceros de hace un par de semanas. En Semana Santa cayeron chuzos, así que las pérdidas, siendo muchas, parece que no son tantas. «¿Cómo vas a llenar una terraza con este panorama de lluvias?», se lamentaba un hostelero. «Por lo menos, no hemos perdido una Semana Santa muy potente».
Gimnasio cerrado
En el Club Atlético San Sebastián están ultimado la valoración de daños para llegar a un acuerdo con el Consorcio de Seguros. Se estima que las olas se llevaron unos 500.000 euros por delante. Arrasaron con todo. Cuenta su presidente, Juan Carlos Benavides, que una de las partidas principales corresponde a las máquinas del gimnasio. «Les pasó todo el agua por encima. El salitre se limpia, pero la arena... En algunas el coste de reparación es más alto que lo que cuesta comprar uno nuevo». Toda la carpintería metálica exterior tardará, como mínimo, dos meses. Así que calculan abrir para finales de junio.
Hasta entonces, los 4.000 socios y 900 deportistas federados del Atlético San Sebastián pueden acudir a sus instalaciones del barrio de Aiete, donde cuentan con gimnasio, sauna, polideportivo... «Para los que vienen a por el baño en la playa, hemos llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento y nuestros socios pueden ir a las cabinas de La Concha».
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