La donostiarra Lucía Montes Saralegui tiene un diploma muy difícil de conseguir: el de ganadora junto a tres compañeros de la Universidad Carlos III del concurso de Derecho Mercantil más importante del mundo, celebrado en Viena durante la pasada Semana Santa. Había 1.400 alumnos en 204 equipos, de 50 países. Nos lo cuenta tras salir de la biblioteca de su facultad para poder hablar por teléfono.
- ¿Cómo se le ha quedado el cuerpo después de este triunfo internacional?
- Pues aún no lo he podido ni asimilar. Ha sido todo muy rápido, con entrevistas, celebraciones y hasta ofertas de trabajo.
- ¿Era un reto este torneo mundial o una posibilidad de ampliar el abanico de ofertas laborales?
- De todo un poco. En mi caso la parte profesional pesaba mucho porque me quiero dedicar a la abogacía y suponía un ensayo previo muy importante que te abre las mejores puertas. Pero también suponía un reto personal, de darle un aspecto práctico a la carrera. La mía es doble, Derecho y Administración y Dirección de Empresas, que dura seis años y se hace muy larga.
- ¿Un torneo es un buen lugar para poner en práctica hora y horas de estudio de Derecho?
- Sí. Este concurso lleva quince años, está muy bien estructurado y profesionalizado y se acerca mucho a lo que es la práctica del arbitraje internacional. Es una forma estupenda de conocer lo que luego se va a hacer en el departamento de Procesal de cualquier despacho de abogados.
- Cuénteme los antecedentes: les han elegido sus profesores o se han presentado voluntarios?
- Nos presentamos ocho y seleccionaron cuatro: a Silvia Martínez Sastre, Aída García García Maguiña, Guillermo García-Perrote Rodulfo y a mí.
- Pocos voluntarios...
- La gente se autoexcluye, porque es muy difícil compatibilizar con la carrera y la Carlos III no puede hacer como otras universidades del extranjero en las que los participantes dejan de estudiar un año entero. Pone los entrenadores, David Ramos Muñoz, profesor de Mercantil, y David Cainrs, abogado, y la financiación que ya es un apoyo enorme, pero es la cuarta parte de las norteamericanas.
- Más mérito aún ganar el Moot, como se conoce a este torneo de arbitraje comercial internacional.
- Sí, tiene un mérito añadido.
- ¿Qué les han dado de premio?
- Un diploma nada más. Pero lo que importa es el prestigio. Lo colgaré en un lugar destacado de mi futuro despacho, ja, ja.
- ¿Qué ha sido lo más bonito y lo más duro del torneo?
- Lo más duro ha sido la elaboración de los escritos de demanda y de defensa del arbitraje. Lo hicimos de octubre a enero. Llevaba muchas horas, de lunes a domingo en la facultad con la compensación de que llevas tú mismo la argumentación de los escritos y aprendes a trabajar en equipo. La parte más bonita ha sido la preparación de las intervenciones oral (en inglés perfecto). Nos hemos lucido, porque lo oral tiene mucho golpe de efecto, muchas posibilidades de ofrecer una frase brillante, una respuesta ingeniosa...
- ¿No hay estrés?
- No, porque estábamos muy preparados y seguros. No teníamos nervios porque carecíamos de responsabilidades y estábamos para disfrutar del momento. Harvard cuenta con llegar a la final... y les eliminamos en cuartos de final. Lo que disfrutamos... Los equipos esperábamos la decisión del tribunal en una cafetería de la universidad de Derecho de Viena tomando un refresco. Cuando el secretario venía a decir quién se clasificaba pegábamos unos gritos y bailábamos como nunca se ha visto allí, ja, ja. Era muy bonito el ambiente y muy emocionante.
- ¿Cuál era su labor en el equipo?
- El mío y de otra chica era trabajar en el tema de fondo de las ponencias -el contrato de compraventa, si había algún defecto, si tenías derecho de indemnización- más de sustancia. Otras dos personas trabajaban en la parte técnica, la procesal. Luego, para ir a la competición fuimos sólo dos. Yo para la de sustancia y Guillermo para la de jurisdicción.
- ¿De qué rival le queda mejor recuerdo: Moscú, Florida, Texas, Griffith de Australia, y luego Harvard, Viena, o el otro finalista, Touro College of Law de Nueva York?
- De Viena y los australianos, que eran estupendos. Pero todos teníamos un nivel muy alto.
- ¿Cuál es su plan de futuro: seguir en Madrid, aceptar una propuesta del extranjero, regresar a Donosti?
- En verano salir a hacer prácticas al extranjero. En el curso, seguir en Madrid para terminar las dos titulaciones y entrar en un bufete de abogados para hacer prácticas. Y dedicarme al arbitraje porque esta experiencia me ha ayudado a orientar mi futuro como abogada. Este triunfo en Viena ha supuesto un plus para todos nosotros porque es la primera vez que gana una universidad española. Con los años ya pensaré si regreso a casa en San Sebastián.