madrid. José Luis Rodríguez Zapatero tiene a los suyos 'in albis'. El candidato a la presidencia del Gobierno anunció ayer que no hará pública la composición del nuevo Ejecutivo hasta el próximo sábado, después de acudir al Palacio de la Zarzuela para jurar el cargo e informar a don Juan Carlos. Pero el silencio no sólo rige para el común de los mortales. Fuentes del Gobierno en funciones aseguran que el líder socialista esta «muy hermético» con todos y que, además, disfruta con ello. «Primero -dijo ayer tras su primera e infructuosa votación para la investidura- lo tiene que conocer el Rey».
El inminente jefe del Ejecutivo agotará hasta el último minuto antes de hacer sonar los teléfonos de aquellos que, tanto en el Gobierno como fuera de él, esperan su llamada. Sólo algunos privilegiados, entre ellos su amigo personal y nuevo portavoz del grupo parlamentario, el ministro de Defensa saliente, José Antonio Alonso; o la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, manejan claves que a otros muchos ministros y altos cargos del partido se les escapan.
La número dos del Gobierno recibió del propio Zapatero la garantía, según aseguran en su entorno más próximo, de que conservará bajo su manto todas las responsabilidades que le fueron encomendadas en la anterior legislatura. Y no son pocas: coordina los trabajos de los distintos ministerios, prepara con subsecretarios las reuniones del Consejo de Ministros, dirige las relaciones con las Cortes, ejerce como portavoz y supervisa (en la práctica, aunque no exista una estructura oficial para ello) las políticas de inmigración y contra la violencia machista.
Al presidente en funciones, según cuenta uno de sus colaboradores, le sentó mal ver publicado en la prensa que iba a convertir en ministro a su actual jefe de gabinete, José Enrique Serrano. No porque fuera falso, dice, sino porque frustra el efecto sorpresa con el que a todos los presidentes les gusta abordar las reformas en sus equipos. En el ministerio de la Presidencia, en todo caso, se apresuraron a asegurar que el veterano asesor 'monclovita' no asumirá en ningún caso tareas hasta ahora asumidas por la vicepresidenta ni se pondrá al frente de una suerte de departamento desgajado del que ella ahora dirige.
Gobierno funcional
Lo cierto es que Zapatero podrá hacer muchos menos cambios de los que pretendía en la estructura del Gobierno. Hace apenas unas semanas aseguró que acometería una reforma para hacerla «más funcional». Pero en Moncloa admiten que sus deseos se han topado con un impedimento legal. Tanto la ley del Gobierno como la Ley de Organización y funcionamiento de la Administración General del Estado limitan su capacidad de maniobra. El presidente puede crear el número de ministerios que considere conveniente, organizarlos en las secretarías de Estado que prefiera y atribuirles las competencias que crea oportunas. COLPISA