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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 diciembre 2008

Internacional

ANÁLISIS
CHINA Y OLÉ
10.04.08 -

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He sido decidido partidario de que los Juegos se celebren por encima de las circunstancias, y se me hace duro justificarlos por encima, ya no de mi cadáver, de los muertos tibetanos. Cuando las llamadas fuerzas del bien han dado oportunidades a las fuerzas del mal lo han hecho siempre por negocio, lejos de cualquier filantropía. Así jugaron al fútbol los ingleses contra los nazis y han transcurrido años en los que hemos visto perfectamente natural la represión en Tíbet, los ajusticiamientos sumarios, el encarcelamiento de disidentes; en suma, el ataque frontal a los derechos humanos.
Hemos sentado a las sucesivas dictaduras chinas a nuestra mesa soportando que influyan en la política general del Oriente frontalmente contraria a los intereses occidentales. Apenas le hemos prestado atención, en todo caso comprendido cuando no justificado el sentido de execrables determinaciones en aras de la armónica necesidad (imperiosa) de dar de comer a 2.000 millones de almas. Su política, buena o mala, había que hacerla y a lo grande. No se podía rogar, ni siquiera mentalizar a tantas gentes para que limitasen su número de hijos o, en su defecto, dejasen de fornicar, ni andar con zarandajas con la delincuencia, ni llevar el garantismo hasta el K.O. de la justicia, ni cortar de un tajo costumbres ancestrales de sus ciudadanos en nombre de la libertad. Digamos que, ante el espanto, oponíamos la lógica de la diversidad.
A China se le ha dado su tiempo y ese esfuerzo no puede entenderse baldío. El temible tigre se ha domesticado en cierto modo y convertido en cachorrillo ambicioso, aunque aún prevalezca la idea primigenia de su ferocidad, y siempre, para lo bueno y para lo malo, a lo grande. Ahora hay chinos ricos, malversadores, usureros, explotadores y fornicadores, en su caso a mansalva. Por eso me sorprende el purismo. No es que no sean de ley las reivindicaciones tibetanas, la protección de las libertades individuales. Lo que me me irrita es la aplicación de estos preceptos a nuestra conveniencia. ¿O ustedes creen sinceramente que China es hoy con olimpiadas peor que ayer sin ellas? ¿y que sus extralimitaciones han cambiado de signo? Hay mucha demagogia en esa amenaza, posiblemente mentirosa, de boicoteo a lo que tal vez sea la única manifestación pacífica universal. No me fío de políticos como Sarkozy que, dice mi hija adolescente, hoy están por ti y mañana contra ti. Digamos que a estos carros de fuego les rodea una espesura mediática que hace difícil descubrir la buena fe donde anidó la mentira. Animo a mis sufridos lectores a manifestarse contra China justo al día siguiente de los Juegos. Y a partir de ese día, todos los días.
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