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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 diciembre 2008

Beti Erreala!

betierreala!
«En Zubieta esperaba fuera hasta que Marco me dejaba pasar»
10.04.08 -

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- ¿Qué queda del Lillo que subió al Salamanca o del que hablaba con Boronat en Zubieta?
- Las transformaciones de una persona son imperceptibles para la persona que las sufre. Tú te ves todos los días en el espejo, pero cuando coges una fotografía de hace diez años y dices ¡madre mía! Esto es igual. Si hay algo abierto al cambio es el ser humano. Claro que habré cambiado, pero se mantienen la ilusión y las ganas de aprender. Todo eso queda.
- ¿Es de la Real o ser profesional le distancia?
- Soy de la Real, claro, pero siempre te separa. Las cosas como son.
- Pero se acuerda del olor de la hierba de Atocha...
- Es que lo tengo incorporado. Si a mí me pones veinte hierbas, reconozco el olor de la de Atocha.
- ¿Dónde se ponía en los partidos?
- La primera vez que me llevaron a Atocha fue en un 3-0 al Sevilla.
- ¿Ya era entrenador de chaval?
- No. Inquietudes de conocimiento, de no quedarme sólo en lo evidente, las tenía, pero yo quería ser futbolista. Todo lo demás son chabacanadas. Nadie se acerca al fútbol a otra cosa que no sea jugar. Yo quería ser jugador y tengo una frustración con la que voy a morir. Reconozco ser un hombre frustrado, pero es que parece que todo el mundo está en el trabajo en que quería estar, cobrando lo que quería cobrar. Yo reconozco que no y creo que me he hecho entrenador para estar más cerca de los jugadores. Yo salgo con la camiseta de la Real a Anoeta, y no te digo nada a Atocha, y que se vaya por ahí toda mi carrera.
- Pero recuerde cómo fueron sus primeros partidos en Atotxa.
- La primera vez me llevó un vecino. En tren. Yo solía ir a Atotxa a verles entrenar los sábados por la mañana. Alberto Ormaetxea, que por cierto lepegaba muy bien a la pelota, lanzaba disparos a Arconada y Otxotorena. En aquella época ya empezaba a tener ciertas inquietudes, hasta que un día, Juanjo Arrieta, el entrenador del Tolosa, me presentó a Mikel Etxarri, él a Boronat y empecé a a entrar ahí. Iba a Zubieta y me quedaba allí fuera, hasta que me mandaban pasar, encantado de la vida. Saqué el curso de entrenador con Roberto López Ufarte, me hice muy amigo de Rober, y sigo siéndolo, y el título me ayudó a empezar a entrenar. Y una cosa.
- Diga
- Zubieta también huele distinto. El vestuario huele diferente y el olor a hierba cuando llegabas en el coche ahora se ha limitado por todo lo que se ha construido allí. Se nota, era otra cosa.
- Ahora vuelve a un club que también ha cambiado mucho.
- Ver esos edificios, esos campos... ¡Qué gozada! Por otra parte, el lado nostálgico parece que no quiere que nada crezca, que todo esté como cuando uno sentía de forma distinta, pero el proyecto que se ha hecho en la Real no tiene parangón.
- ¿Un club como la Real, que sólo tiene repercusión en un territorio tan pequeño como Gipuzkoa, tiene futuro tan como se están poniendo las cosas en el mundo del fútbol?
- Creo que sí. Precisamente ahora se han hecho sitio Villarreal y Getafe, que son menos que nosotros. Curiosamente ahora parece que es el mejor momento para que determinados lugares donde se trabaje con sensatez y se hagan bien las cosas puedan estar arriba.
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